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SENTENCIA SU282 DE
2019 Referencia:
Expediente T-6.404.115 Acci—n de tutela
instaurada por Roberto Vargas Navarrete y otros en contra de la Subsecci—n B de
la Secci—n Tercera de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de
Estado. Procedencia: Secci—n
Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado. Asunto: Tutela
contra providencia judicial que declar— la caducidad de acci—n de reparaci—n
directa. Defectos sustantivo y f‡ctico por indebida aplicaci—n de la regla la
caducidad. Magistrada
sustanciadora: GLORIA STELLA ORTIZ
DELGADO Bogot‡,
D. C., veinte (20) de junio de dos mil diecinueve (2019) La
Sala Plena de la Corte Constitucional, en ejercicio de sus competencias
constitucionales y legales, ha proferido la siguiente SENTENCIA En
el tr‡mite de revisi—n del fallo de segunda instancia emitido por la Secci—n
Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, el 23
de agosto de 2017, que confirm— la decisi—n del 15 de junio de 2017 proferida
por la Secci—n Cuarta de esa Corporaci—n, en el proceso de tutela promovido por
Roberto Vargas Navarrete en contra de la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la
Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado. El
asunto lleg— a la Corte Constitucional, en cumplimiento de lo dispuesto en el
art’culo 32 del Decreto 2591 de 1991, por remisi—n que efectu— la Secretar’a
General de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado. El
27 de octubre de 2017, la Sala Nœmero Diez de Selecci—n de Tutelas[1]
escogi— el presente caso para su revisi—n. El
1¼ de febrero de dos mil dieciocho (2018), la Sala Plena de esta Corporaci—n
decidi— asumir el conocimiento de este asunto, con fundamento en los art’culos
59 y 61 del Reglamento Interno de la Corte Constitucional. I.
ANTECEDENTES El
13 de marzo de 2017[2],
Roberto Vargas Navarrete formul— acci—n de tutela en contra del auto de 29 de
agosto de 2016 dictado por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo
Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, por considerar vulnerados sus
derechos al debido proceso y de acceso a la administraci—n de justicia. El actor adujo que la decisi—n cuestionada
incurri— en defecto sustantivo,
debido a que aplic— la norma que rige la caducidad de la acci—n de reparaci—n
directa -art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011- a circunstancias que no fueron el
sustento de su pretensi—n indemnizatoria y que expuso en la demanda œnicamente
como elementos de contextualizaci—n hist—rica. La
acci—n fue ratificada y coadyuvada por Nelson y Magdalena Vargas Navarrete en sede de revisi—n, quienes tambiŽn
obraron como demandantes en el proceso en el que se dict— la providencia
judicial cuestionada, fueron vinculados al tr‡mite y resaltaron su calidad de
accionantes en el presente tr‡mite constitucional. 1. Los hechos que sustentan la solicitud de
amparo se narraron en el escrito de tutela de la siguiente forma: 1.1.
Mediante
Escritura Pœblica 30 del 21 de abril de 1924 de la Notar’a del C’rculo de
Labranzagrande, se protocoliz— la compraventa del inmueble ÒLos YopitosÓ, ubicado en la jurisdicci—n
del municipio de Marroqu’n, el cual fue adquirido por V’ctor Octavio Vargas
Monta–a, quien a partir de ese momento, habit— el bien y lo destin— a la
explotaci—n ganadera. 1.2.
En 1952, por razones de orden pœblico, el
EjŽrcito Nacional ocup— el inmueble referido y provoc— el desplazamiento de
V’ctor Octavio Vargas y de su familia. 1.3.
En la
Escritura Pœblica 322 del 24 de mayo de 1982, miembros del EjŽrcito Nacional
protocolizaron declaraciones extra juicio en las que indicaron que, por motivos
de orden pœblico, el grupo ÒGu’as de
CasanareÓ de esa instituci—n
ocup— algunos predios (incluido ÒLos
YopitosÓ) desde 1952 con el fin de construir instalaciones militares. Estas declaraciones no fueron registradas. 1.4.
V’ctor
Octavio Vargas Monta–a falleci— el 2 de mayo de 1990 en la ciudad de Bogot‡. 1.5.
A
travŽs de Escritura Pœblica 1434 del 8
de julio de 2011, el municipio de Yopal transfiri— al EjŽrcito Nacional, a
t’tulo de cesi—n gratuita, los inmuebles identificados con las cŽdulas
catastrales 01-01-0073-0001-000, 01-01-0073-0007-000 y 01-01-0073-0002-000 que,
segœn los demandantes, conformaban el predio de mayor extensi—n denominado ÒLos YopitosÓ. 1.6.
El 22 de mayo de 2013, Nelson, Magdalena y
Roberto Vargas Navarrete, en su calidad de hijos de V’ctor Octavio Vargas
Monta–a citaron a conciliaci—n extrajudicial al EjŽrcito Nacional y al
municipio de Yopal para el resarcimiento de los da–os causados con la cesi—n
referida. El 30 de julio de 2013, se declar— fallido el mecanismo alternativo
de soluci—n de conflictos. 1.7.
El 1¼ de agosto de 2013, Nelson, Magdalena
y Roberto Vargas Navarrete presentaron demanda de reparaci—n directa en contra
del EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal por el da–o antijur’dico
ocasionado con la cesi—n del inmueble de su propiedad, protocolizada el 8 de
julio de 2011 mediante Escritura Pœblica otorgada en la Notar’a ònica de
Aguazul. Reclamaron como indemnizaci—n el valor del bien, que asciende a
$15.996.621.900. 1.8.
El 21
de agosto de 2013, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Secci—n Tercera
-Subsecci—n A- admiti— la demanda y descart— la caducidad de la acci—n, debido
a que el da–o antijur’dico cuyo resarcimiento se persigue se deriva de la
cesi—n protocolizada el 8 de julio de 2011, momento a partir del cual se
contabilizan los 2 a–os de caducidad. Asimismo, precis— que los accionantes
elevaron solicitud de conciliaci—n extrajudicial el 22 de mayo de 2013, la cual
fue declarada fallida el 30 de julio de 2013, raz—n por la que el tŽrmino de
caducidad se interrumpi— por un mes y 18 d’as. En consecuencia, el plazo para
presentar la demanda venc’a el 16 de
septiembre de 2013 y se formul—, de forma oportuna, el 1¼ de agosto del a–o
en menci—n. 1.9.
En
audiencia celebrada el 29 de julio de 2014, el Tribunal desestim— las
excepciones formuladas por los demandados, entre ellas la de caducidad de la
acci—n, con base en los mismos argumentos expuestos en la admisi—n de la
demanda. 1.10.
El
EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal presentaron recurso de apelaci—n en contra del auto que
declar— no probados los medios de defensa previos. Los recurrentes insistieron
en que el tŽrmino de caducidad de la acci—n debi— contabilizarse desde el a–o
1952, debido a que la ocupaci—n de los bienes ocurri— en ese momento. 1.11.
El 29
de agosto de 2016, la Subsecci—n B de la Secci—n Tercera de la Sala de lo
Contencioso Administrativo del Consejo de Estado[3]
revoc— la decisi—n de primera instancia y, en su lugar, declar— probada la excepci—n de caducidad de la acci—n. Como
sustento de la decisi—n indic—, en primer lugar, que la Sala Plena de la
Secci—n Tercera del Consejo de Estado en sentencia de 9 de febrero de 2011,
unific— la forma en la que debe contabilizarse el tŽrmino de caducidad,
previsto en el art’culo 164 del CPACA, para el ejercicio de la acci—n de
reparaci—n directa en los casos de ocupaci—n
permanente de un inmueble y fij— las siguientes reglas: a)
Ocupaci—n
con ocasi—n de la realizaci—n de una obra pœblica con vocaci—n de permanencia:
los 2 a–os se calculan desde que la obra finaliz— o desde que los afectados
conocieron la terminaci—n de la obra sin haberla podido conocer antes. b)
Ocupaci—n
por cualquier otra causa: los 2 a–os se contabilizan desde que ocurre el hecho
da–oso, el cual se consuma cuando cesa la ocupaci—n. En casos especiales se
computan desde cuando el afectado tuvo conocimiento de la ocupaci—n del bien
luego de su cesaci—n. Con
base en esas reglas, la Subsecci—n consider— que el da–o alegado por los
demandantes se concret— antes de la cesi—n efectuada mediante la escritura del
8 de junio de 2011, pues reclamaron los perjuicios derivados de la pŽrdida jur’dica del inmueble y desde
el a–o 1952, el se–or V’ctor Octavio Vargas perdi— la posesi—n material del
bien. Para
el ad quem no es razonable considerar
que solamente con la cesi—n celebrada en el a–o 2011 se tuvo conocimiento del
da–o. En efecto, adujo que este se materializ— con la ocupaci—n de 1952,
momento en el que se encontraba vigente la Ley 167 de 1941, que en el art’culo
236 establec’a la posibilidad de que el afectado demandara, por v’a judicial,
la indemnizaci—n dentro del tŽrmino de 2 a–os siguientes a la verificaci—n del
da–o. Asimismo,
destac— que si se considerara que la ocupaci—n surgi— como consecuencia de la
guerra, el art’culo 33 de la Constituci—n Nacional de 1886 autorizaba que en
estos casos el afectado reclamara la indemnizaci—n de los da–os y los perjuicios
luego de la ocupaci—n. De
otra parte, los miembros del EjŽrcito Nacional en las declaraciones
protocolizadas en 1982 indicaron que en los predios se construyeron bases
militares, oficinas de comando, casas fiscales, piscinas etc., es decir que
desde ese momento se pod’a advertir que se trataba de una ocupaci—n permanente
y a pesar de ello no se adelantaron acciones para la recuperaci—n del bien. Finalmente,
precis— que la calidad de herederos de los demandantes no modifica el momento
de contabilizaci—n de la caducidad. Solicitud de tutela El 13
de marzo de 2017, Roberto Vargas Navarrete formul— acci—n de tutela en contra
del auto de 29 de agosto de 2016, que declar— la caducidad de la acci—n de
reparaci—n directa. El
actor adujo que el da–o cuyo resarcimiento persigue se deriva de la cesi—n de
tres inmuebles, por parte del municipio de Yopal al EjŽrcito Nacional,
protocolizada en la Escritura Pœblica 1434 de 8 de junio de 2011, pero la
Subsecci—n accionada aplic— la norma de caducidad a los hechos que narr— en la
demanda œnicamente como marco hist—rico de referencia en relaci—n con la cesi—n
de los bienes. Para
el ciudadano, la providencia incurri— en defecto
sustantivo, pues aplic— el art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011 a
circunstancias que no son el soporte f‡ctico de la pretensi—n indemnizatoria.
En consecuencia, a su juicio, hay una aplicaci—n indebida de la norma que rige
la caducidad que, a su vez, viola el art’culo 229 de la Constituci—n, pues
afect— el acceso a la administraci—n de justicia. B. Actuaciones en sede de
tutela Mediante
auto de 17 de marzo de 2017, la Secci—n Cuarta de la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Consejo de Estado admiti— la acci—n de tutela y dispuso la
notificaci—n de los magistrados de la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la
misma corporaci—n, el Ministerio de Defensa Nacional, el EjŽrcito Nacional, la
Alcald’a de Yopal, Nelson Vargas Navarrete y Magdalena Vargas Navarrete. Asimismo,
requiri— a la Secci—n Tercera -Subsecci—n A- del Tribunal Administrativo de
Cundinamarca para que remitiera el expediente en el que obra la actuaci—n
cuestionada en sede constitucional. Contestaci—n de la autoridad judicial
accionada El
Magistrado ponente del auto acusado indic— que en el presente caso resulta
improcedente la acci—n de tutela, en atenci—n a su car‡cter excepcional cuando
se formula contra providencias judiciales y porque la decisi—n no causa un
perjuicio irremediable para el actor, no evidencia una dilaci—n injustificada
de los tŽrminos, ni una situaci—n de hecho creada por la actuaci—n u omisi—n de
una autoridad pœblica. De
otra parte, se–al— que la providencia cuestionada no incurri— en v’a de hecho,
ni vulner— los derechos fundamentales del demandante porque explic—, de manera
concreta y detallada, las razones por las que se declar— probada la excepci—n
previa de caducidad. En ese
sentido, resalt— que si bien el accionante afirm— que el hecho da–oso que dio
lugar a la formulaci—n de la acci—n de reparaci—n directa corresponde a la
cesi—n de algunos inmuebles entre el municipio de Yopal y el EjŽrcito Nacional,
de acuerdo con la valoraci—n de los hechos descritos en la demanda, la Sala
consider— que lo pretendido era el reconocimiento de los perjuicios generados
por la pŽrdida del predio ÒLos YopitosÓ,
circunstancia que se concret— con la ocupaci—n en el a–o 1952 y, por ende,
desde ese momento deb’a contabilizarse la caducidad de la acci—n. Finalmente,
resalt— que en el auto de 29 de agosto de 2016, tambiŽn se precis— que la
muerte del se–or V’ctor Octavio Vargas y la apertura de la sucesi—n no alteraban
las consideraciones expuestas. C. Decisiones objeto
de revisi—n Fallo de primera instancia El 15 de junio de 2017[4], la Secci—n Cuarta de la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Consejo de Estado deneg— el amparo porque la valoraci—n
adelantada por la autoridad accionada se ajust— a los hechos de la demanda y
las normas que reg’an el asunto. El a quo resalt— que la disposici—n que sirvi— de sustento a la
decisi—n fue el art’culo 263 de la Ley 167 de 1941, en el que se preve’a que la
demanda para la indemnizaci—n por la ocupaci—n de una propiedad particular
deb’a presentarse a m‡s tardar Òdentro de
los dos a–os de ocurrido el da–o o verificada la ocupaci—n.Ó Por lo tanto, establecida la ocupaci—n del inmueble
en el a–o 1952, este era el momento a partir del cual deb’a contabilizarse el
tŽrmino de caducidad. Por œltimo, adujo que no
puede identificarse la cesi—n del bien como el hecho generador del da–o, pues
esta tesis dejar’a sin recurso a las personas afectadas con la ocupaci—n,
quienes no contar’an con una acci—n para obtener la indemnizaci—n hasta que no
se adelantara la cesi—n del inmueble. Impugnaci—n El actor present—
impugnaci—n en contra del fallo de tutela de primera instancia, en la que cuestion—
que se desconociera que la Escritura Pœblica 1434 de 8 de julio de 2011, que
protocoliz— la cesi—n de los bienes entre el municipio de Yopal y el EjŽrcito
Nacional Ò(É) es un acto jur’dico que
irrog— perjuicios a la parte demandante, cuya reparaci—n se solicita dentro de
los dos a–os siguientes a la celebraci—n de ese acto jur’dicoÓ[5]
. Igualmente, el recurrente
insisti— en que las referencias sobre la ocupaci—n del inmueble en el a–o 1952
corresponden a hechos diferentes a los que sustentan la pretensi—n
indemnizatoria, la cual se funda en el da–o antijur’dico generado por la cesi—n
a t’tulo gratuito de los bienes en menci—n. Fallo
de segunda instancia El 23 de agosto de 2017, la Secci—n Quinta de la
Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado[6]
confirm— el fallo de primera instancia con similares argumentos a los
presentados por el a quo. El ad quem destac— que la Sala accionada valor— la pretensi—n
de la demanda, dirigida a obtener el resarcimiento de los perjuicios que la
pŽrdida del inmueble les gener— a los actores y estableci— que, desde el a–o
1952, el propietario perdi— la posesi—n del bien. Asimismo, resalt— la debida fundamentaci—n de la
decisi—n, pues se explic—, con suficiencia, por quŽ la fecha de la cesi—n no
pod’a considerarse para contabilizar el tŽrmino de caducidad. Adicionalmente,
consider— que el acto jur’dico al que aluden los accionantes es un Òcontrato estatal que no ten’a la
potencialidad de causar el da–o pues el mismo se hab’a causado desde que el
titular del derecho de dominio y poseedor del inmueble fue despojado de los
poderes que tales derechos le confer’an, de tal manera que la argumentaci—n y
conclusi—n a las que arrib— la Secci—n Tercera del Consejo de Estado resulta
razonable y carente de arbitrariedad.Ó [7] Finalmente, adujo que si se consideraba que el
contrato interadministrativo era la fuente de da–o, el medio de control era el
de controversias contractuales y no la acci—n de reparaci—n directa. D. Actuaciones en sede de revisi—n 1. El 28 de
noviembre de 2017, la Magistrada Sustanciadora profiri— auto en el que requiri—
a la Subsecci—n A de la Secci—n Tercera del Tribunal Administrativo de
Cundinamarca para que remitiera el proceso en el que se emitieron las
decisiones cuestionadas. Vencido el tŽrmino de traslado del expediente en
menci—n, ni las partes, ni los vinculados al tr‡mite se pronunciaron sobre la
prueba decretada en sede de revisi—n. 2. Por ser relevante para el estudio de la acci—n de tutela de la
referencia, a continuaci—n se describir‡ con detalle la demanda formulada por
Roberto, Nelson y Magdalena Vargas Navarrete en contra del EjŽrcito Nacional y
el municipio de Yopal. Demanda En la acci—n de reparaci—n directa referida[8],
los
actores formularon dos pretensiones en los siguientes tŽrminos: Ò1. DECLçRESE
que la Naci—n – Ministerio de Defensa Nacional – EjŽrcito Nacional
y el Municipio de Yopal –Casanare, son RESPONSABLES PATRIMONIALMENTE y est‡n obligados de manera solidaria
a la REPARACIîN DIRECTA que
corresponda a los actores como herederos y para la sucesi—n de Octavio Vargas Monta–o, en virtud del
da–o antijur’dico ocasionado por la cesi—n
que el Municipio de Yopal – Casanare hizo a la Naci—n – Ministerio de Defensa
Nacional – EjŽrcito Nacional, de los inmuebles descritos y alinderados en
la escritura pœblica No. 1434 de 8 de julio de 2011, otorgada en la Notar’a
ònica del C’rculo de Aguazul – Casanare, y que la Naci—n acept— como si
fueran bienes fiscales de propiedad del cedente, pese a que nunca han tenido
dicha calidad y son de propiedad de la sucesi—n de V’ctor Octavio Vargas
Monta–a, progenitor de los demandantes. En
virtud de la declaraci—n de responsabilidad patrimonial a que se refiere la
pretensi—n anterior, CONDƒNESE a la
Naci—n –Ministerio de Defensa Nacional – EjŽrcito Nacional y al
Municipio de Yopal – Casanare, a PAGAR SOLIDARIAMENTE a los demandantes
Nelson, Magdalena y Roberto Vargas Navarrete, actuando como herederos de V’ctor
Octavio Vargas Monta–a y para la sucesi—n de este, la suma de QUINCE MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y SEIS
MILLONES SEISCIENTOS VEINTIUN MIL NOVECIENTOS PESOS M/CTE ($15.996.621.900)Ó.[9] Luego, los
peticionarios expusieron los fundamentos f‡cticos de su solicitud, los cuales
presentaron en dos secciones que nominaron: (i) Òantecedentes a la perpetraci—n
y consumaci—n del da–o antijur’dicoÓ[10]
y (ii) Òla realizaci—n y consumaci—n del da–o antijur’dico cuya reparaci—n se
pretendeÓ[11]. En la primera
secci—n referida, los demandantes
narraron los siguientes hechos: a)
Mediante Escritura Pœblica nœm. 30 de 21 de abril de
1924, otorgada en la Notar’a del municipio de Labranzagrande,
el se–or Antonio Vargas transfiri— a t’tulo de venta a Octavio Vargas Monta–a
el derecho de dominio que ten’a sobre un predio nominado ÒLos YopitosÓ situado en jurisdicci—n del
municipio de Marroqu’n del departamento de Casanare. Este
inmueble hab’a sido previamente adquirido por Antonio Vargas por compraventa
que celebr— con Secundino Vargas que, a su vez, fue protocolizada mediante
Escritura Pœblica nœm. 6 de 23 de enero de 1923. b)
El 25 de abril de 1924, la Escritura Pœblica nœm. 30
de 21 de abril de 1924 fue registrada en la Oficina de Registro de Instrumentos
Pœblicos de Nunch’a, en el libro 1, partida 14. c)
El se–or V’ctor Octavio Vargas Monta–a desde el
momento en el que adquiri— el inmueble ÒLos
YopitosÓ, lo habit— y se dedic— a la explotaci—n
ganadera hasta que en el a–o 1952 fue expulsado por el EjŽrcito Nacional, por
razones de orden pœblico. d)
En reuni—n celebrada en Yopal el 31 de marzo de 1982
entre el Comandante y algunos oficiales del grupo de caballer’a montado nœm. 7 ÒGu’as de CasanareÓ se decidi—
formalizar el registro de las declaraciones rendidas el 3 de marzo de 1982 por
miembros del EjŽrcito Nacional, en las que precisaron que, desde el a–o 1952,
ocuparon los predios e instalaciones que conforman el plano elaborado por la
Direcci—n de Ingenieros y que forman un globo de Òciento treinta hect‡reas cuatro mil seiscientos cincuenta y siete
(4.657) (sic)metros cuadradosÓ[12] e)
El 2 de mayo de 1990, V’ctor Octavio Vargas Monta–a
falleci— en la ciudad de Bogot‡. Luego, en el
segundo ac‡pite los demandantes expusieron los siguientes hechos: f)
Mediante escritura pœblica nœm. 1434 de 8 de julio
de 2011 otorgada en la Notar’a ònica del C’rculo de Aguazul, la Alcaldesa del
municipio de Yopal transfiri— al EjŽrcito Nacional, a t’tulo de cesi—n
gratuita, los lotes de terreno con cŽdulas catastrales: (i) 01-01-0073-0001-000
ubicado en la carrera 15 nœm. 6-96 de Yopal; (ii) 01-01-0073-0007-000 ubicado
en la carrera 15 nœm. 6-96 interior
2 de Yopal y (iii) 01-01-0737-0002-000 ubicado en la calle 5 nœm. 15-08 de
Yopal. g)
La cesi—n referida se efectu— porque el municipio
consider— que los bienes descritos son bald’os, valoraci—n que, a juicio de los
actores, no es cierta Òpor cuanto estos inmuebles forman parte de
los adquiridos mediante escritura pœblica nœm. 30 de 21 de abril de 1924,
otorgada en la Notar’a del Municipio de Labranzagrande,
mediante la cual el se–or Antonio Vargas transfiri— a t’tulo de venta a Octavio
Vargas Monta–a el derecho de dominio que tiene y posee sobre un fundo
denominado Los YopitosÓ[13].
En efecto, para los demandantes la cesi—n de los
inmuebles se hizo bajo la convicci—n de que eran bald’os, pero en realidad son
de propiedad privada y pertenecen a la sucesi—n de V’ctor Octavio Vargas
Monta–a. Finalmente, precisaron que es inconveniente destruir las
instalaciones construidas en los lotes de terreno de su propiedad, raz—n por la
que solicitaron la indemnizaci—n dineraria por equivalencia con base en el
avalœo catastral. Inexistencia de caducidad Luego de exponer los hechos que sustentan sus
pretensiones con la distinci—n descrita, los actores presentaron las razones
por las que, a su juicio, no opera la caducidad de la acci—n. Con ese
prop—sito, destacaron la escritura pœblica nœm.1434 de 8 de julio de 2011, en
la que se protocoliz— la cesi—n de tres inmuebles entre el municipio de Yopal y
el EjŽrcito Nacional, que: Ò(É) es un acto jur’dico
que irrog— perjuicios a la parte demandante cuya reparaci—n directa se solicita
dentro de los dos a–os siguientes a la celebraci—n de ese acto jur’dico, es
decir, que el ejercicio de esta acci—n contencioso administrativa se realiza
con estricta sujeci—n a lo dispuesto por el art’culo 164, literal i) del C—digo
Contencioso AdministrativoÓ.[14] Asimismo, para efectos de la contabilizaci—n del tŽrmino
de caducidad segœn lo previsto en el art’culo 3¼, literal c) del Decreto 1716
de 2009, los demandantes resaltaron la solicitud de conciliaci—n extrajudicial
que presentaron y que se declar— fallida el 30 de julio de 2013. Por œltimo, en el marco del an‡lisis de la caducidad,
precisaron que el proceso para la reparaci—n directa de la sucesi—n del
causante V’ctor Octavio Vargas Monta–a persigue la indemnizaci—n Ò(É) por un da–o antijur’dico que no est‡n
obligados a soportar segœn lo dispuesto por el art’culo 90 de la Constituci—n
Pol’tica, producido en virtud del acto jur’dico de cesi—n a t’tulo gratuito
contenido en la Escritura Pœblica nœm. 1434 de 8 de julio de 2011Ó[15]. Normas violadas y concepto
de la violaci—n Los actores refirieron, de forma amplia, los fundamentos
normativos que sustentan su pretensi—n y adujeron que con la cesi—n cuestionada
se desconocieron los art’culos 1¼ y 7¼ de la Ley 137 de 1959, 123 de la Ley 388
de 1997, 674 y 675 del C—digo Civil, y 1¼, 2¼ 13 y 58 Superiores. Con base en las normas citadas, indicaron que los bienes
cedidos no son bald’os, sino de propiedad privada y por esa raz—n se intent—
revestir de legalidad la ocupaci—n del EjŽrcito. En primer lugar, a travŽs de
declaraciones rendidas en 1982 y, luego, mediante la cesi—n de los tres lotes
de terreno cuestionada, que corresponden al inmueble ÒLos YopitosÓ, en la que no se indic— Ò(É) que forman parte de un globo de terreno de mayor extensi—n que el
propio EjŽrcito Nacional en el acta nœm. 2851 de la reuni—n de 31 de marzo de
1982 celebrada en Yopal por el comandante y algunos oficiales del grupo de
Caballer’a Montado No. 7 Gu’as de Casanare manifiesta que fue dividido en
varios lotes de terrenoÓ[16]. Asimismo, los demandantes adujeron que la cesi—n de los
bienes les produjo un da–o antijur’dico que no est‡n obligados a soportar y
que: Òla materializaci—n
concreta de ese da–o ocurre cuando se saca del patrimonio de la cesi—n del
causante unos bienes que a ella le pertenecen con lo que se produce una
disminuci—n patrimonial sin causa para ello, es decir lo que los hermanos
Mazeaud denominan da–o emergente que se encuentra constituido por una ÔpŽrdida
sufridaÕ por la v’ctima, valorable econ—micamente por el precio de los
inmuebles arrebatados mediante la indebida utilizaci—n de normas jur’dicas (É)[17] Por œltimo, estimaron la cuant’a de la demanda en la suma
de $15.996.621.900 que corresponde al valor del avalœo catastral de los bienes
cedidos. Vinculaci—n
de Magdalena y Nelson Vargas Navarrete 3. Mediante auto de 6 de marzo de 2018, la
Magistrada Sustanciadora advirti— que el juez de primera instancia orden— la
notificaci—n de Magdalena y de Nelson Vargas Navarrete, en atenci—n a su
calidad de demandantes de la acci—n de reparaci—n directa que motiv— la
solicitud de amparo. Sin embargo, el oficio de comunicaci—n se devolvi— por la
oficina de correos. Establecidas esas circunstancias, se dispuso
nuevamente la notificaci—n de los vinculados en esta sede, la cual se adelant—
por v’a electr—nica el 9 de marzo de 2018. 4. Magdalena
Vargas Navarrete adujo que la decisi—n judicial cuestionada vulner— su
derecho al debido proceso e indic—: Òme
permito coadyuvar, ratificar y respaldar lo manifestado por mi hermano el se–or
Roberto Vargas Navarrete (É)Ó[18] Por su parte, el se–or Nelson Vargas Navarrete precis— su direcci—n electr—nica para la
comunicaci—n de Òcualquier asunto que
tenga que ver con el proceso T-6404115 del
cual hago parte al igual que mis hermanos.Ó [19]
(negrilla fuera del texto original). II.
CONSIDERACIONES Competencia 1.- La
Sala Plena de la Corte Constitucional es competente para revisar los fallos
proferidos dentro de la acci—n de tutela nœmero T-6.404.115 con fundamento en
los art’culos 86 y 241-9 de la Constituci—n y 31 a 36 del Decreto 2591 de 1991.
Asunto objeto de revisi—n y
problema jur’dico 2.- El 1¼ de agosto de 2013,
Roberto, Nelson y Magdalena Vargas Navarrete, en su calidad de hijos y, por
ende, herederos de V’ctor Octavio Vargas, presentaron acci—n de reparaci—n
directa en contra del EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal, con el
prop—sito de obtener el resarcimiento del da–o causado por la cesi—n gratuita de los inmuebles identificados con las cŽdulas
catastrales 01-01-0073-0001-000, 01-01-0073-0007-000 y 01-01-0073-0002-000
protocolizada en la escritura pœblica 1434 del 8 de julio de 2011. Los
actores precisaron que su padre era propietario del fundo ÒLos YopitosÓ, del que hacen parte los
predios de menor extensi—n referidos, pero perdi— la posesi—n material en el
a–o 1952, cuando el inmueble fue ocupado por el EjŽrcito Nacional. Sin embargo,
la cesi—n en menci—n les irrog— un nuevo perjuicio, que corresponde a la
pŽrdida del derecho de dominio, cuyo resarcimiento persiguen. 3.-
El 21 de agosto de 2013, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Secci—n
Tercera -Subsecci—n A- admiti— la demanda y descart— la caducidad de la acci—n,
debido a que el da–o antijur’dico cuya
reparaci—n se reclama se deriva de la cesi—n protocolizada en la escritura
pœblica nœm. 1434 de 8 de julio de
2011, momento a partir del cual se contabilizan los 2 a–os para la
formulaci—n de la acci—n previstos en el art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011. El
juzgador consider— que sumado el tiempo durante el que se adelantaron los
tr‡mites de conciliaci—n, el tŽrmino para presentar la demanda venc’a el 16 de
septiembre de 2013 y se formul—, oportunamente, el 1¼ de agosto de ese a–o. 4.- El 29 de agosto de 2016, la Secci—n
Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo
de Estado resolvi— el recurso de apelaci—n incoado por los demandados en contra
del auto que desestim— las excepciones previas y declar— probada la de caducidad de la acci—n. El
ad quem
inicialmente hizo referencia al art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011 que prevŽ
el tŽrmino de caducidad de la acci—n de reparaci—n directa -2 a–os- y explic—
la forma de contabilizaci—n en los casos de ocupaci—n. Sin embargo, consider—
que la pŽrdida del inmueble se produjo en el a–o 1952 por la actuaci—n del
EjŽrcito Nacional, momento en el que estaba vigente la Ley 167 de 1941, que en
el art’culo 236 establec’a la posibilidad de que el afectado demandara la
indemnizaci—n dentro del tŽrmino de 2 a–os siguientes a la verificaci—n de la
ocupaci—n. Por lo tanto, concluy— que la acci—n caduc— porque se super— con creces
el tŽrmino de 2 a–os contado desde 1952. 5.-
El 13 de marzo de 2017, Roberto Vargas Navarrete formul— acci—n de tutela en contra del auto de 29 de agosto de
2016, la cual fue ratificada y coadyuvada por sus hermanos Nelson y Magdalena
Vargas Navarrete en sede de revisi—n, quienes fueron vinculados al tr‡mite y
resaltaron su calidad de accionantes en el presente tr‡mite constitucional. Los
actores adujeron que persiguen la indemnizaci—n del da–o que les gener— la
cesi—n de tres inmuebles, por parte del municipio de Yopal, protocolizada en la
escritura pœblica nœm. 1434 de 8 de julio de 2011, pero la autoridad judicial
accionada contabiliz— el tŽrmino de caducidad a partir de hechos que narraron
en la demanda œnicamente como marco hist—rico de contextualizaci—n. Para
los demandantes, la providencia aplic— la regla de caducidad a circunstancias
que no son el soporte f‡ctico de la pretensi—n indemnizatoria. Por lo tanto, a
su juicio, se present— una indebida aplicaci—n de la norma y la consecuente
violaci—n del art’culo 229 de la Constituci—n, ya que presuntamente se les
impidi— el acceso a la administraci—n de justicia. A
partir de las consideraciones expuestas, los ciudadanos alegaron la
configuraci—n de los defectos sustantivo
y f‡ctico. El primero, lo invocaron de forma expl’cita y lo
circunscribieron a la indebida aplicaci—n de la norma, y el segundo, aunque no
lo refirieron nominalmente se deduce de los argumentos presentados en relaci—n
con la indebida valoraci—n de los hechos de la demanda. 6.-
Los jueces de instancia denegaron el amparo al considerar que la
contabilizaci—n del tŽrmino de caducidad desde la ocupaci—n del bien es
razonable, corresponde a las pretensiones de la demanda, estuvo suficientemente
motivada, y se ajusta a la norma que rige el asunto y que fue identificada por
el juez accionado -art’culo 263 de la Ley 167 de 1941-. 7.- Como quiera que la procedencia de la
acci—n de tutela contra providencias judiciales tiene dos niveles de an‡lisis,
el primero que corresponde a los requisitos generales y un segundo nivel, que
atiende a los requisitos espec’ficos de procedibilidad, la Sala establecer‡, de
acuerdo con ese orden, si concurren dichos presupuestos para controvertir el
auto de 29 de agosto de 2016, proferido por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B-
de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado. En el evento de que se supere el an‡lisis
general de procedencia, la Sala determinar‡ si la providencia judicial acusada
incurri— en los yerros alegados por los actores, quienes adujeron que la norma
de caducidad se aplic— de forma indebida a hechos que no constitu’an el
fundamento de la pretensi—n. Por consiguiente, se estudiar‡ la configuraci—n de
los siguientes defectos: (i) f‡ctico,
pues aunque los accionantes no lo propusieron nominalmente, cuestionaron la
valoraci—n de los hechos presentados en la demanda; y (ii) sustantivo para establecer si, como consecuencia de un error en la
valoraci—n de las circunstancias, se present— la indebida aplicaci—n de la
norma. Por lo tanto, la Sala decidir‡ el siguiente problema jur’dico: ÀEl auto acusado incurri— en los defectos
f‡ctico y sustantivo por indebida aplicaci—n de la regla de caducidad de la
acci—n de reparaci—n directa a supuestos de hecho diferentes a los que se
identificaron como fundamento de la pretensi—n indemnizatoria? Para resolver la cuesti—n anunciada se abordar‡n
los siguientes temas: (i) la acci—n de tutela contra providencias judiciales y
los requisitos espec’ficos de procedibilidad con Žnfasis en los defectos
sustantivo y f‡ctico; (ii) el acceso a la administraci—n de justicia como
derecho fundamental y principio rector de la actividad judicial; (iii) la
acci—n de reparaci—n directa y las reglas de caducidad, y finalmente (iv)
resolver‡ el caso concreto. Procedencia excepcional de la tutela contra decisiones judiciales[20] 8.- El art’culo 86 de la Constituci—n prevŽ que la tutela procede contra
toda acci—n u omisi—n de cualquier autoridad pœblica. En consecuencia, los
jueces tambiŽn deben ajustar sus actuaciones a los preceptos superiores y a la
ley, y garantizar los principios, los deberes y los derechos fundamentales
reconocidos en la Carta Pol’tica. De acuerdo con esas obligaciones, esta Corporaci—n ha admitido la
procedencia de la acci—n de tutela contra providencias judiciales que vulneren
los derechos fundamentales de las partes. Sin embargo, se trata de una medida
excepcional, en atenci—n a la naturaleza subsidiaria del mecanismo y en aras de
salvaguardar la cosa juzgada, la autonom’a e independencia de la administraci—n
de justicia, y la seguridad jur’dica. Requisitos generales de procedencia 9.- En concordancia con el car‡cter excepcional de la tutela contra
providencias judiciales, la sentencia
C-590 de 2005 identific— los siguientes requisitos generales de
procedencia: (i) la relevancia
constitucional de la cuesti—n discutida, esto es, que el caso involucre la
posible vulneraci—n de los derechos fundamentales de las partes; (ii) el
cumplimiento del presupuesto de subsidiariedad, es decir, que se hayan agotado
todos los medios de defensa judicial al alcance de la persona afectada, salvo
que se trate de evitar la consumaci—n de un perjuicio irremediable; (iii) la
observancia del requisito de inmediatez, el cual exige que la acci—n se
interponga en un tŽrmino razonable y proporcionado a partir del hecho que
origin— la violaci—n; (iv) cuando se trate de una irregularidad procesal que
tenga un efecto decisivo en la sentencia cuestionada; (v) la identificaci—n
razonable tanto de los hechos que generaron la afectaci—n, como de los derechos
vulnerados; y (vi) que no se trate de sentencias de tutela. Requisitos espec’ficos de procedibilidad 10.- Los
requisitos espec’ficos aluden a la concurrencia de defectos en la providencia
atacada que, en raz—n de su gravedad, hacen que esta sea incompatible con los
preceptos constitucionales y vulnere los derechos fundamentales de las partes.
Las condiciones especiales de procedibilidad se han
clasificado por la jurisprudencia de esta Corporaci—n as’: Defecto org‡nico: ocurre cuando el funcionario judicial que profiri— la sentencia
impugnada carece en forma absoluta de competencia. Defecto procedimental absoluto: se origina en los casos en los que el juez actu— completamente al
margen del procedimiento establecido.[21] Defecto f‡ctico: se presenta en los eventos en los que
el juez carece del apoyo probatorio que permita la aplicaci—n del supuesto
legal en el que se sustenta la decisi—n, o la valoraci—n de la prueba fue
absolutamente equivocada. Defecto material o sustantivo: se configura en las decisiones sustentadas en normas inexistentes o
inconstitucionales; que presentan una contradicci—n evidente y grosera entre
los fundamentos y la decisi—n; en las que se deja de aplicar una norma exigible
en caso, se aplica de forma indebida o cuando se otorga a la norma jur’dica un
sentido que no tiene. Defecto por error inducido: es consecuencia del enga–o a la autoridad judicial que, a su vez, gener—
una decisi—n que afecta derechos fundamentales.[22] Defecto por decisi—n sin motivaci—n: implica el incumplimiento de los servidores judiciales del deber de
exponer los fundamentos f‡cticos y jur’dicos de sus decisiones. Defecto por desconocimiento del precedente: se configura cuando por v’a judicial se ha fijado el alcance sobre
determinado asunto y el funcionario judicial desconoce la regla jurisprudencial
vinculante.[23] Defecto por violaci—n directa de la Constituci—n: se estructura en los casos en los que el juez ordinario adopta una
decisi—n que desconoce, de forma espec’fica, postulados de la Carta Pol’tica. Examen de los requisitos generales de procedencia de la tutela contra
providencias judiciales en el caso que se analiza 11.- La Sala establecer‡, a continuaci—n, si concurren los requisitos
generales de procedencia de la acci—n de tutela contra providencias judiciales,
en relaci—n con el auto proferido el 29 de agosto de 2016 por la Secci—n
Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo
de Estado. 12.- En primer lugar, se cumple con el
presupuesto de legitimaci—n en la causa
por activa, pues la solicitud de amparo se present— inicialmente por
Roberto Vargas Navarrete quien, en su calidad de demandante en el proceso de
reparaci—n directa en el que se emiti— el auto cuestionado, es titular de los
derechos fundamentales al debido proceso y de acceso a la administraci—n de
justicia cuya protecci—n se persigue. Asimismo, Magdalena y Nelson Vargas
Navarrete, vinculados al tr‡mite constitucional desde la primera instancia,
notificados en sede de revisi—n y quienes ratificaron la actuaci—n adelantada
por su hermano tambiŽn est‡n legitimados para la formulaci—n de la acci—n. Lo
anterior, porque hicieron parte del proceso de reparaci—n directa como
demandantes en su calidad de herederos de V’ctor Octavio Vargas y adujeron que
la declaraci—n de caducidad vulner— sus derechos fundamentales. De otra parte, se advierte el cumplimiento
del requisito de legitimaci—n en la
causa por pasiva, debido a que la acci—n de tutela se dirigi— en contra de
la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo Contencioso Administrativo
del Consejo de Estado, que profiri— el auto al que se le atribuy— la
vulneraci—n de los derechos fundamentales de los accionantes. Asimismo, desde el auto admisorio de la
acci—n fueron vinculados al tr‡mite las autoridades demandadas en el proceso de
reparaci—n directa, espec’ficamente el EjŽrcito Nacional y la Alcald’a
Municipal de Yopal, en su calidad de terceros con interŽs en la decisi—n. 13.- En segundo
lugar, debe valorarse el presupuesto de relevancia
constitucional del asunto, el cual implica que el juez de tutela no puede
emprender el estudio de cuestiones que no demuestren una clara relaci—n con la
eventual afectaci—n de los derechos fundamentales, pues de lo contrario, se
involucrar’a en asuntos que deben ser resueltos por otras jurisdicciones. Entonces, la relevancia constitucional requiere que la cuesti—n tenga
trascendencia Superior y no solamente legal, contractual o de otra naturaleza,
como ser’a la exclusivamente econ—mica. Por lo tanto, es necesario verificar en cada
caso si se presenta un debate de trascendencia ius fundamental, especialmente cuando existan intereses que, prima facie, podr’an ser considerados
econ—micos. En estos eventos se deber‡ establecer si el asunto envuelve una
discusi—n estrictamente dineraria o si el debate que subyace y que resulta
transversal est‡ relacionado con la posible afectaci—n de garant’as superiores,
con independencia de sus consecuencias patrimoniales. 14.- Asimismo en el an‡lisis de este presupuesto hay que considerar que
el art’culo 241.9 Superior le confi— a esta Corporaci—n la guarda de la
integridad y supremac’a de la Constituci—n Pol’tica a travŽs de, entre otras
funciones, la revisi—n de las decisiones judiciales relacionadas con el amparo
de derechos constitucionales. En el ejercicio de esa competencia, ante una
posible interpretaci—n y aplicaci—n de la ley en contra de los preceptos
superiores, este Tribunal tiene la obligaci—n corregir dicha interpretaci—n
para imponer, como —rgano de cierre de la jurisdicci—n constitucional, aquella
que se ajuste a la Carta. 15.- En el asunto bajo examen se advierte que, a pesar de que el
problema jur’dico se presenta en el marco de un proceso en el que se persigue
el resarcimiento econ—mico de un da–o, plantea un debate que involucra la
interpretaci—n conforme a los preceptos constitucionales de la regla de
caducidad de la acci—n de reparaci—n directa. En particular, la acci—n de tutela se dirige en contra de la providencia
judicial de 29 de agosto de 2016 proferida por la Secci—n Tercera -Subsecci—n
B- del Consejo de Estado, porque a travŽs de una supuesta aplicaci—n indebida
de la regla de caducidad se impidi— que la controversia sobre la posible
generaci—n de un da–o como consecuencia de la actividad de la administraci—n
sea decidida de fondo por los jueces. Por lo tanto, el asunto plantea como
cuesti—n sustantiva la eventual denegaci—n de justicia, la cual tiene una
significativa y evidente relevancia constitucional. En ese sentido, es necesario desatacar que el principal efecto de la
providencia judicial acusada, que declar— probada la caducidad de la acci—n de
reparaci—n directa como excepci—n previa, es privar a los demandantes de la
posibilidad de que en el marco de un proceso judicial se debata y establezca si
la actuaci—n de las autoridades pœblicas demandadas les gener— un da–o y si se
configuran los elementos de responsabilidad del Estado. Esta circunstancia
demuestra que el asunto planteado por v’a de tutela guarda ’ntima relaci—n con
el acceso real a la administraci—n de justicia, en particular que la
jurisdicci—n emita una decisi—n de fondo sobre el asunto puesto a su
consideraci—n. Por lo tanto, aunque el Consejo de Estado es el —rgano de cierre de la
jurisdicci—n contenciosa administrativa, ante la posible aplicaci—n de una
norma en contra de los preceptos superiores con impacto en el acceso a la
administraci—n de justicia, resulta imperativo el ejercicio de la funci—n de
revisi—n de esta Corporaci—n, en aras de fijar la interpretaci—n del asunto que
mejor se ajusta a la Carta Pol’tica. 16.- En tercer lugar, la tutela cumple
con el requisito de subsidiariedad porque los peticionarios agotaron todos los mecanismos judiciales de
defensa a su disposici—n. La Sala
advierte que los accionantes no cuentan con medios judiciales ordinarios para
el restablecimiento de sus derechos, ya que el auto acusado corresponde a la
decisi—n de segunda instancia que declar— la caducidad de la acci—n y da por
terminado el proceso de reparaci—n directa incoado por Roberto, Nelson y
Magdalena Vargas Navarrete en contra del EjŽrcito Nacional y el municipio de
Yopal. Como quiera
que el auto de 29 de agosto de 2016, decidi— el recurso de apelaci—n presentado
por los demandados en contra del auto proferido por el juez de primera
instancia que desestim— las excepciones previas, resulta claro que los
accionantes no cuentan con un medio ordinario o extraordinario para confrontar
la decisi—n adoptada por la autoridad judicial accionada, espec’ficamente para
cuestionar la aplicaci—n de la regla de caducidad de la acci—n de reparaci—n
directa y de esta manera lograr la protecci—n eficaz e id—nea de los derechos
fundamentales invocados. 17.- En cuarto lugar, la acci—n de
tutela fue interpuesta en un tŽrmino
razonable, requisito que atiende a la finalidad de este mecanismo para
lograr la protecci—n inmediata de los derechos constitucionales fundamentales. El car‡cter oportuno de la acci—n
resulta evidente, debido a que los actores tardaron aproximadamente 4 meses en
la formulaci—n de la tutela, que corresponde a un tŽrmino razonable. En efecto,
la providencia de 29 de agosto de 2016 a la que se le atribuye la afectaci—n de
los derechos de los accionantes se
notific— por estado el 11 de
noviembre de 2016[24]
y la solicitud de amparo se elev— el 13
de marzo de 2017[25]. 18.- En quinto lugar, los actores presentaron los hechos y
actuaciones que generaron la vulneraci—n de sus derechos. Las
circunstancias f‡cticas est‡n claramente detalladas en el escrito de tutela y
debidamente soportadas en las pruebas documentales obrantes en el expediente. Los demandantes identificaron la
providencia judicial que consideran transgresora de sus derechos fundamentales,
esto es, el auto de 29 de agosto de 2016, que declar— la caducidad de la acci—n
de reparaci—n directa, debido a que la autoridad judicial consider— que la
pŽrdida del inmueble se produjo con la ocupaci—n del predio ÒLos YopitosÓ por parte el EjŽrcito
Nacional en el a–o 1952, momento a partir del cual deb’a contabilizarse el
tŽrmino para la presentaci—n de la demanda. Asimismo, precisaron el defecto de la
providencia judicial cuestionada -sustantivo- y las razones en las que sustentan
su configuraci—n, espec’ficamente la indebida aplicaci—n de la regla de
caducidad a hechos que no constitu’an el fundamento de la pretensi—n. 19.- En sexto lugar, la solicitud de
amparo no se dirigi— contra un fallo de
tutela. Los ciudadanos formularon la acci—n constitucional contra el auto
proferido el 29 de agosto de 2016 por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la
Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, que resolvi— la
apelaci—n presentada por el EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal en contra
de la providencia dictada el 29 de julio de 2014 por la Secci—n Tercera
-Subsecci—n A- del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, que desestim— las
excepciones previas formuladas por los demandados dentro del proceso de reparaci—n
directa incoado por los actores. A partir de las consideraciones
expuestas se concluye que la acci—n de tutela bajo examen es procedente y es
necesario evaluar los defectos alegados por los accionantes, as’ como resolver
el problema jur’dico propuesto. Los
requisitos espec’ficos de procedibilidad de la acci—n de tutela contra
providencias judiciales 20.- Como quiera que la solicitud de amparo
bajo examen cumple los requisitos generales de procedencia,
la Sala reiterar‡ la caracterizaci—n de los defectos en los que pudo incurrir
la providencia judicial cuestionada. Defecto
material o sustantivo[26]
21.- El defecto sustantivo parte de considerar que la funci—n
de las autoridades judiciales de interpretar y aplicar las normas jur’dicas,
con fundamento en el principio de autonom’a y de independencia judicial, no es
absoluta[27]. En concordancia con esa premisa, la jurisprudencia ha
precisado que la configuraci—n del mencionado yerro se presenta cuando la
decisi—n que adopta el juez desconoce la Constituci—n y la Ley, porque se basa
en una norma evidentemente inaplicable al caso concreto, deja
de aplicar la disposici—n adecuada, o interpreta y aplica las normas de tal
manera que contrar’a la razonabilidad jur’dica[28]. 22.- Este Tribunal ha desarrollado las
hip—tesis en las que se presenta el defecto sustantivo. En particular, en la sentencia SU-159 de 2002[29],
la Corte estableci— que se configura cuando el juez se apoya en una norma que
es evidentemente inaplicable a un caso concreto, por ejemplo, cuando: (i) ha
sido derogada y en consecuencia, no produce efectos en el ordenamiento
jur’dico; (ii) ha sido declarada inexequible por la Corte Constitucional; (iii)
es inconstitucional para el caso concreto y no se aplic— la excepci—n de
inconstitucionalidad; y (iv) la norma no est‡ vigente o a pesar de estarlo y
ser constitucional no se adecua a las circunstancias f‡cticas del caso. Posteriormente, en la sentencia T-686 de 2007[30], esta Corporaci—n afirm— que, adem‡s de
las circunstancias referidas, el defecto material como requisito de procedencia
de la acci—n de tutela contra providencias judiciales se genera cuando: (i) la
aplicaci—n de una norma es irracional y desproporcionada en contra de los
intereses de una de las partes del proceso; (ii) el juez desconoce lo resuelto
en una sentencia con efectos erga omnes, de
la jurisdicci—n constitucional en relaci—n con la interpretaci—n de una
disposici—n o (iii) cuando la norma aplicable al caso no es tenida en cuenta
por el fallador. En el mismo sentido, en la sentencia SU-918 de 2013[31], la Corte concluy— que una providencia
judicial adolece de un defecto sustantivo: Ò(i)
cuando la norma aplicable al caso es claramente inadvertida o no tenida en
cuenta por el fallador, (ii)
cuando a pesar del amplio margen interpretativo que la Constituci—n le reconoce
a las autoridades judiciales, la aplicaci—n final de la regla es inaceptable
por tratarse de una interpretaci—n contraevidente (interpretaci—n contra legem) o claramente perjudicial para los intereses
leg’timos de una de las partes (irrazonable o desproporcionada), y, finalmente, (iii)
cuando el fallador desconoce las sentencias con efectos erga omnes tanto de la
jurisdicci—n constitucional como de la jurisdicci—n de lo contencioso
administrativo, cuyos precedentes se ubican en el mismo rango de la norma sobre
la que pesa la cosa juzgada respectiva.Ó 23.- En relaci—n con la indebida aplicaci—n de la norma, la
jurisprudencia constitucional ha considerado que el defecto se configura porque
a pesar de que se identifica la disposici—n que rige el asunto se vulneran los
derechos fundamentales, como consecuencia de la aplicaci—n en el caso concreto,
la cual resulta altamente perjudicial para los intereses de alguna de las partes
por irrazonable o desproporcionada.[32]
En esta hip—tesis, hay un error en el
proceso de interpretaci—n o aplicaci—n de la norma. Por ejemplo, en la sentencia T-283 de 2013[33]
se consider— que el auto acusado, que desestim— el mandamiento de pago,
incurri— en defecto sustantivo porque decidi— acoger y aplicar la
interpretaci—n de las reglas que reg’an el asunto de la forma m‡s desfavorable
para los accionantes, quienes acudieron a la jurisdicci—n para obtener el
cumplimiento forzado de la providencia judicial en las que se les reconoci— el
derecho a la pensi—n convencional como trabajadores de la Licorera de Nari–o. Finalmente, es necesario precisar que la
afectaci—n de los derechos fundamentales en estos casos exige que la
equivocaci—n en la actividad del juzgador sea evidente. En efecto, la sentencia T-1036 de 2002[34]
en la que se estudi— la supuesta indebida interpretaci—n y aplicaci—n por
parte de la Superintendencia de Sociedades de las normas que reg’an el proceso liquidatorio, precis— que: Ò(É)
el juez de tutela no puede controvertir la interpretaci—n que de las
situaciones de hecho o de derecho realice el juez de la causa en el respectivo
proceso, salvo que esta hermenŽutica sea arbitraria e irrazonable y, por ende,
vulnere los derechos fundamentales de la persona que acude a la acci—n de
tutela.Ó 24.- En esta oportunidad, la Sala
reitera las reglas jurisprudenciales en las que se establece que se configura
un defecto sustantivo cuando: (i) se aplica una disposici—n que perdi— vigencia
por cualquiera de la razones previstas por el ordenamiento, por ejemplo, su inexequibilidad o derogatoria; (ii) se aplica una norma
manifiestamente impertinente de acuerdo con las circunstancias del caso y la
aplicable pasa inadvertida por el fallador; (iii) el juez realiza una
interpretaci—n contraevidente -interpretaci—n
contra legem-
o la aplicaci—n de la norma es irrazonable o desproporcionada, y afecta los
intereses de las partes; (iv) el juzgador se aparta del precedente judicial
-horizontal o vertical- sin justificaci—n suficiente; o (v) se abstiene de
aplicar la excepci—n de inconstitucionalidad ante una violaci—n manifiesta de
la Constituci—n. Alcance de la competencia del juez
de tutela para analizar el defecto sustantivo[35] 25.- Conforme a lo
expuesto, la Sala considera necesario precisar que la competencia el juez de
tutela en el an‡lisis del defecto sustantivo es restringida, pues su
conocimiento del asunto no se basa en un escrutinio del alcance legal de la
disposici—n inaplicada o indebidamente interpretada, o de las razones adoptadas
por el funcionario judicial al momento de proferir la decisi—n, sino que, su
estudio siempre debe concentrarse en verificar la observancia de los principios
y los valores Superiores, y en la eventual vulneraci—n de derechos
fundamentales[36].
De esta manera, la
garant’a del principio de legalidad que sustenta el defecto sustantivo, debe
ser verificada por el juez de tutela en consideraci—n al valor normativo
intr’nseco de la Constituci—n (art. 4 Superior), por lo que el yerro judicial
invocado con ocasi—n a la labor de interpretaci—n y de aplicaci—n de las normas
legales s—lo podr‡ sustentarse en el apartamiento de los cauces de la Carta y la
afectaci—n de los derechos fundamentales[37].
26.- En atenci—n a lo
anterior, la carga argumentativa que debe asumir el actor para acreditar la
configuraci—n del defecto sustantivo es mucho m‡s estricta, pues para habilitar
la competencia del juez constitucional, relacionada con el estudio del
mencionado vicio, el asunto debe plantearse en Òclave constitucionalÓ[38]. 27.- De esta manera, el
juez de tutela analiza el defecto orientado por la Òespecificidad de la interpretaci—nÓ[39]
de la Constituci—n y de los derechos fundamentales, lo que implica que la
demostraci—n de la equivocaci—n no se centra en acreditar que el juez ordinario
simplemente desconoci— la ley, sino que aquella se dirige a establecer que
dicha actuaci—n viol— las garant’as superiores. Por lo tanto, la competencia
del juez de amparo en el examen del defecto sustantivo se restringe a examinar
la vulneraci—n o el riesgo de afectaci—n de los derechos fundamentales. Defecto f‡ctico 28.- Desde sus inicios esta Corte estableci— que los
jueces tienen amplias facultades discrecionales para efectuar el an‡lisis del
material probatorio en cada caso concreto que es sometido a su conocimiento[40]. Por
ello, determin— que cuando se alega un error de car‡cter probatorio, la
evaluaci—n de la providencia judicial por parte de un juez de tutela debe
privilegiar los principios de autonom’a e independencia judicial[41]. No obstante, esa competencia debe ejercerse conforme
a la sana cr’tica, atender necesariamente criterios de objetividad, de
racionalidad, legalidad y de motivaci—n, entre otros, y respetar la
Constituci—n y la ley. De lo contrario, la discrecionalidad ser’a entendida
como arbitrariedad judicial, hip—tesis en la cual se configurar’a la causal por
defecto f‡ctico y el juez de tutela podr’a revocar la providencia atacada[42]. 29.- La jurisprudencia constitucional estableci— que
el defecto f‡ctico se configura cuando: (i) existe una omisi—n en el decreto de
pruebas que eran necesarias en el proceso; (ii) se da una valoraci—n caprichosa
y arbitraria de las pruebas presentadas; (iii) no se evalœa en su integridad el
material probatorio, y (iv) las pruebas carecen de aptitud o de legalidad, por
su inconducencia, o porque fueron recaudadas de forma inapropiada,
Òcaso œltimo en el que deben ser consideradas como pruebas nulas de pleno
derechoÓ[43]. Asimismo, esta Corte puntualiz— que el error
estudiado tiene dos dimensiones, una positiva[44]
y otra negativa[45]. La
primera se presenta cuando el juez efectœa una valoraci—n por Òcompleto equivocadaÓ, o fundamenta su decisi—n en una prueba no apta para ello
y, la segunda, en los eventos en los que omite o ignora la valoraci—n de una prueba determinante o no decreta su
pr‡ctica sin justificaci—n alguna. Con todo, esta Corporaci—n ha sido enf‡tica en
se–alar que Òpara que la tutela
resulte procedente ante un error f‡ctico, Ô[e]l error en el juicio valorativo de la prueba debe ser de tal entidad
que sea ostensible, flagrante y manifiesto, y el mismo debe tener una
incidencia directa en la decisi—n, pues el juez de tutela no puede convertirse
en una instancia revisora de la actividad de evaluaci—n probatoria del juez que
ordinariamente conoce de un asuntoÕÓ[46]. 30.-. La cualificaci—n del defecto f‡ctico implica su relevancia, no
solo en tŽrminos de protecci—n del derecho al debido proceso, sino tambiŽn
respecto a la controversia jur’dica bajo examen.[47]
De tal suerte que: Ò(É)
no competente [sic] al juez constitucional remplazar al juzgador de instancia
en la valoraci—n de las pruebas desconociendo la autonom’a e independencia de
Žste al igual que el principio del juez natural, ni realizar un examen del
material probatorio que resulta exhaustivo, en tanto, como lo se–al— esta
Corporaci—n en sentencia T-055 de 1997, Ôtrat‡ndose del an‡lisis del material
probatorio, la independencia judicial cobra mayor valor y trascendenciaÓ[48]. En efecto, la jurisprudencia ha destacado que el
an‡lisis del juez constitucional debe ser cuidadoso y no basta con establecer
una lectura diferente de las pruebas, pues en la actividad probatoria est‡ de
por medio el principio de autonom’a judicial. 31.- En concordancia con el
alcance del defecto en menci—n, es necesario resaltar que si bien ha sido
desarrollado principalmente a partir de la valoraci—n de los elementos de
prueba, lo cierto es que tambiŽn puede configurarse en la actividad de
interpretaci—n o fijaci—n de los hechos
que son alegados por las partes en los procesos judiciales, y no s—lo de las
pruebas que los soportan. Lo anterior, si se considera
que la relevancia de las pruebas para el proceso y la administraci—n de
justicia obedece a su car‡cter instrumental, en la medida en que constituyen
los medios necesarios para que las partes demuestren las circunstancias
f‡cticas en las que se sustentan sus pretensiones y defensas, y el juez tenga
una aproximaci—n cognitiva a la Litis puesta en su conocimiento. En ese sentido, esta Corte ha
destacado la importancia tanto de la prueba como del debido proceso probatorio
a partir de su finalidad, esto es, la demostraci—n de los hechos que
corresponden al supuesto f‡ctico reglado en la norma general y abstracta. Por
ejemplo, la sentencia C-496 de 2015[49]
precis— que: ÒLa
importancia de las pruebas en todo procedimiento es evidente, pues solo a
travŽs de una vigorosa actividad probatoria, que incluye la posibilidad de
solicitar, aportar y controvertir las que obran en cada tr‡mite, puede el
funcionario administrativo o judicial alcanzar un conocimiento m’nimo de los
hechos que dan lugar a la aplicaci—n de las normas jur’dicas pertinentes, y dar
respuesta a los asuntos de su competencia ci–Žndose al derecho sustancial.Ó En atenci—n a esa relaci—n
instrumental hecho-prueba resulta claro que la lectura arbitraria, irracional o
caprichosa de los hechos alegados por las partes en la demanda y la
contestaci—n[50]
tambiŽn pueden generar la configuraci—n del defecto f‡ctico, pues aunque esos
instrumentos no corresponden a elementos de prueba en estricto sentido, son los
actos procesales que permiten la materializaci—n del derecho de acci—n y
contradicci—n respectivamente, a travŽs de la presentaci—n ante la jurisdicci—n
de las circunstancias f‡cticas que sustentan tanto las pretensiones como los
argumentos de defensa de las partes. De esta suerte, la
trascendencia constitucional de la valoraci—n de los hechos de la demanda se
puede diferenciar en distintas etapas. Inicial, pues condiciona la admisi—n;
probatoria, dirigida a comprobar los hechos alegados por las partes y la
decisi—n final, que condensa la valoraci—n de las circunstancias f‡cticas y los
elementos de prueba adelantada por el juzgador. Adicionalmente, es necesario
considerar que la demanda y su contestaci—n generalmente est‡n acompa–ados de
elementos de prueba dirigidos a demostrar las circunstancias alegadas. En
efecto, algunos procesos exigen elementos espec’ficos de prueba como anexos de
la demanda[51]
y por eso en la actividad de valoraci—n de los actos iniciales el juez no
s—lo estudia los hechos presentados sino tambiŽn los elementos de convicci—n
que hasta ese momento procesal fueron aportados por los ciudadanos. Por ende, en la valoraci—n
tanto de la demanda como de la contestaci—n es posible que se configure un defecto
f‡ctico, debido a que el juez puede incurrir en un yerro en la consideraci—n de
los hechos presentados y en las pruebas aportadas como anexos del libelo que
genere la vulneraci—n de los derechos de las partes. Este defecto s—lo se
configura cuando conlleve una afectaci—n ostensible y definitiva en el derecho
de acceso a la administraci—n de justicia. 32.- En s’ntesis, el defecto f‡ctico se puede presentar:
(i) por la omisi—n en el decreto y la pr‡ctica de pruebas; (ii) por la falta de
valoraci—n del acervo probatorio; (iii) por desconocimiento de las reglas de la
sana cr’tica, y (iv) por la lectura arbitraria, irracional o caprichosa de los
hechos y elementos de prueba presentados por las partes en la demanda y en la
contestaci—n que tenga un impacto definitivo en el acceso a la administraci—n
de justicia. El acceso a la administraci—n de
justicia como derecho fundamental y principio rector de la actividad judicial[52] 33.-
La garant’a prevista en el art’culo 229 Superior a pesar de su car‡cter
instrumental tiene una doble connotaci—n, pues, de un lado, corresponde a un
derecho fundamental en s’ mismo y, de otro, a partir de su consagraci—n se
deriva todo el engranaje de la administraci—n de justicia necesario para la
materializaci—n de los otros derechos. 34.-
En relaci—n con su acepci—n de derecho fundamental la norma superior referida
lo consagra en los siguientes tŽrminos: ÒSe garantiza el derecho de toda persona para
acceder a la administraci—n de justicia. La ley indicar‡ en quŽ casos podr‡
hacerlo sin la representaci—n de abogado.Ó Esta garant’a ha sido
entendida como la posibilidad reconocida a todas las personas de acudir, en
condiciones de igualdad, ante las instancias que ejerzan funciones
jurisdiccionales y que tienen la competencia para decidir las controversias
sobre los derechos e intereses leg’timos que el ordenamiento jur’dico les
reconoce, con estricta sujeci—n a los procedimientos previamente establecidos y
con plena observancia de las garant’as previstas en la Constituci—n y la ley[53].
35.-
De otra parte, el acceso a la administraci—n de justicia constituye un
presupuesto indispensable para la materializaci—n de los dem‡s derechos
fundamentales, puesto que, como ha se–alado esta Corporaci—n Ò(É) no es
posible el cumplimiento de las garant’as sustanciales y de las formas
procesales establecidas por el Legislador sin que se garantice adecuadamente
dicho accesoÓ[54].
En atenci—n a ese rol, la
garant’a prevista el art’culo 229 Superior se erige como uno de los pilares del
modelo de Estado Social y Democr‡tico de Derecho. Por ende, las disposiciones
tanto de la parte dogm‡tica como de la org‡nica de la Constituci—n previeron
medidas sustanciales, formales y competenciales para que el sistema de
administraci—n de justicia cumpla adecuadamente con la importante funci—n que
le fue encomendada. 36.- El acceso efectivo y real
a la administraci—n de justicia impone la concurrencia de todas las autoridades
y, de forma particular, de los jueces de la Repœblica. Este deber puede
establecerse a partir del alcance de art’culo 2¼ Superior, que previ— como uno
de los fines esenciales del Estado la garant’a de los principios, derechos y
deberes consagrados en la Constituci—n, y precis— que las autoridades est‡n
instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia en sus
derechos y libertades. En concordancia con ese
mandato, tambiŽn se establecieron mecanismos judiciales de rango constitucional
para la protecci—n de los derechos de los asociados, tales como las acciones de
tutela -art’culo 86-, de cumplimiento -art’culo 87- y populares -art’culo 88-.
Asimismo, se otorg— al Legislador la potestad para la creaci—n de Òlos dem‡s
recursos, las acciones y los procedimientos necesarios para que puedan
propugnar por la integridad del orden jur’dico, y por la protecci—n de sus
derechos individualesÓ[55].
En la parte org‡nica de la
Constituci—n, adem‡s de las competencias asignadas al Congreso de la Repœblica
relacionadas con el desarrollo legal de los derechos y los mecanismos que
permitan su efectividad y su protecci—n, se fij— la estructura de la Rama Judicial
del Poder Pœblico, la cual parte del reconocimiento de la independencia,
desconcentraci—n y autonom’a de la administraci—n de justicia como garant’a
para los asociados, la prevalencia del derecho sustancial sobre las formas, la
observancia de los tŽrminos procesales y el derecho de todas las personas de acceder a la administraci—n de
justicia. 37.- Como se ve, la Carta
adem‡s de la consagraci—n y reconocimiento de los derechos fundamentales de los
asociados, se preocup— por asegurar su eficacia a travŽs del dise–o de
mecanismos judiciales, la asignaci—n de competencias, la fijaci—n de mandatos
espec’ficos de protecci—n y la creaci—n de instituciones, entre las que cobra
especial relevancia la Rama Judicial del Poder Pœblico y, de forma particular,
la actividad de los jueces de la Repœblica. En ese sentido, desde las primeras
sentencias de esta Corporaci—n se destac— la labor de los jueces para la
efectividad de los derechos fundamentales y se precis— que la Constituci—n
desarroll—: Ò(É) una nueva estrategia encaminada al
logro de la eficacia de los derechos, que consiste en otorgarle de manera
prioritaria al juez, y no ya a la administraci—n o al legislador, la
responsabilidad de la eficacia de los derechos fundamentales.Ó [56](subrayas originales) A pesar de que la
consideraci—n descrita estuvo fundada principalmente en las competencias
asignadas a la Corte Constitucional, lo cierto es que los principios que
irradian la norma superior, el desarrollo de la jurisprudencia y los prop—sitos
que subyacen a la administraci—n de justicia -la necesidad social de
pacificaci—n, y la protecci—n y eficacia los derechos- han llevado a considerar
la actividad judicial como uno de los principales mecanismos para la
materializaci—n de los derechos fundamentales de las personas. En concordancia con lo
anterior, se ha evaluado el rol del juez en el Estado Social de Derecho y se ha
destacado que: ÒLa nueva Carta Pol’tica robusteci— la
misi—n del juez como garante del acceso efectivo a la administraci—n de
justicia y de la realizaci—n efectiva de los derechos de los ciudadanos. Es as’
como se demandan de Žl altas dosis de sensibilidad y una actitud diligente para
corregir las asimetr’as entre las partes, asegurar los derechos fundamentales,
entre otros el derecho a la tutela judicial efectiva, y, en œltimas, la
vigencia de un orden justo.Ó[57] En atenci—n a la importante
labor asignada a los jueces resulta necesario que observen, de manera especial,
el respeto por la dignidad humana, que su actuaci—n estŽ dirigida a hacer
reales y efectivos los derechos fundamentales y que materialicen los preceptos
superiores en general y, de forma particular, la prevalencia del derecho
sustancial y el acceso a la administraci—n de justicia. En cumplimiento de esos
deberes, los jueces tienen la obligaci—n de asegurar la tutela judicial
efectiva, la cual demanda un pronunciamiento de fondo sobre los asuntos
planteados para su decisi—n cuando concurren los requisitos exigidos en las
normas sustanciales y procesales para el efecto. Por ende, las decisiones
inhibitorias que no est‡n debidamente sustentadas vulneran la garant’a en
menci—n. 38.- A partir de los mandatos
descritos y como quiera que la garant’a prevista en el art’culo 229 Superior
requiere concurrencia de las autoridades para su realizaci—n, es necesario que
los jueces evalœen los requisitos exigidos en las instancias de acceso a la administraci—n de justicia dando
prevalencia a la realizaci—n del derecho. Lo contrario, implicar’a una
afectaci—n desproporcionada no s—lo de la garant’a en menci—n, sino tambiŽn de
los derechos cuya protecci—n se persigue cuando se acude ante las autoridades
judiciales. La actividad judicial l—gico deductiva 39.- Ahora bien, en el an‡lisis de la actividad judicial, resulta pertinente
hacer referencia al alcance de la subsunci—n como una de las principales
herramientas de los jueces en la labor de juzgamiento. En efecto, en la interpretaci—n del art’culo 230 de la Carta Pol’tica,
que establece el sometimiento de los jueces al imperio de la ley, la
jurisprudencia constitucional ha considerado que la administraci—n de justicia
no est‡ limitada a la aplicaci—n mec‡nica de las normas y, por ende, trasciende
la tarea de subsunci—n y elaboraci—n de los silogismos jur’dicos, ya que: Òla actividad judicial supone la realizaci—n de un determinado grado de
abstracci—n o de concreci—n de las disposiciones previstas en el ordenamiento
jur’dico, para darle integridad al conjunto del sistema normativo y atribuirle,
a manera de subregla, a los textos previstos en la Constituci—n o en la ley un
significado coherente, concreto y œtil.Ó[58] En concordancia con lo anterior, resulta claro que la subsunci—n no es
ni debe considerarse como el œnico mŽtodo del an‡lisis en la labor de
juzgamiento. Sin embargo, constituye una importante herramienta al alcance de
los jueces, principalmente para la aplicaci—n de reglas con un sentido claro y
un’voco[59],
fundada en el principio de igualdad de trato ante la ley e imparcialidad de la
administraci—n de justicia. Este instrumento permite que mediante la inferencia l—gica deductiva se
apliquen las consecuencias previstas en una regla general y abstracta a la
hip—tesis regulada en la norma correspondiente. Por lo tanto, la labor de
subsunci—n exige la identificaci—n del supuesto de hecho que regula la norma y
la consecuencia jur’dica general y abstracta que el Legislador le asign—. A
partir de esos elementos, el juez identifica en el caso concreto la
circunstancia f‡ctica descrita en la disposici—n y aplica la consecuencia
jur’dica correspondiente. 40.- Para Guastini[60],
la subsunci—n que adelanta el juez en el caso concreto hace parte de la labor
general de interpretaci—n, la cual se da Òen
abstractoÓ cuando establece el significado de un texto normativo, y Òen concretoÓ cuando subsume Òun caso concreto en el campo de aplicaci—n
de una norma previamente identificada en abstractoÓ[61].
Asimismo, precisa que esta
actividad parte de la estructura l—gica de las normas, que corresponde a una
forma condicional del tipo Òsi F entonces
GÓ[62].
41.- Como se anot—, la subsunci—n
constituye una de las herramientas para la actividad de juzgamiento que, en
atenci—n a la estructura l—gica de las reglas jur’dicas, permite la aplicaci—n
de las consecuencias previstas por las normas a los supuestos de hecho
regulados por el Legislador. La acci—n de reparaci—n directa y las reglas de
caducidad[63] 42.- La Carta Pol’tica
de 1991, en contraste con las normas constitucionales y legales anteriores que
no previeron de forma directa la responsabilidad del Estado[64]
consagr—, en el art’culo 90, el principio general de responsabilidad
patrimonial de la administraci—n pœblica bajo la siguiente f—rmula: ÒEl Estado responder‡
patrimonialmente por los da–os antijur’dicos que le sean imputables, causados
por la acci—n o la omisi—n de las autoridades pœblicas. En el evento de ser
condenado el Estado a la reparaci—n patrimonial de uno de tales da–os, que haya
sido consecuencia de la conducta dolosa o gravemente culposa de un agente suyo,
aquŽl deber‡ repetir contra Žste.Ó Asimismo, la
Constituci—n reconoci— otros
principios y garant’as que apoyan la responsabilidad patrimonial del Estado,
como son la primac’a de los derechos inalienables de la persona[65],
la bœsqueda de la efectividad del principio de solidaridad[66]
(art.
1¼ CP), la idea de igualdad
frente a las cargas pœblicas (art. 13 C.P.), as’ como la obligaci—n de proteger
el patrimonio de los asociados y de reparar los da–os causados por el actuar
del ente pœblico[67]. En atenci—n a la
cl‡usula de responsabilidad del Estado, el Legislador estableci— el medio de
control de reparaci—n directa que,
en el rŽgimen vigente, est‡ previsto en el art’culo 140 de la Ley 1437 de 2011
de la siguiente forma: ÒEn los tŽrminos del art’culo 90 de
la Constituci—n Pol’tica, la persona interesada podr‡ demandar directamente la
reparaci—n del da–o antijur’dico producido por la acci—n u omisi—n de los
agentes del Estado. De conformidad con el inciso
anterior, el Estado responder‡, entre otras, cuando la causa del da–o sea un
hecho, una omisi—n, una operaci—n administrativa o la ocupaci—n temporal o
permanente de inmueble por causa de trabajos pœblicos o por cualquiera otra
causa imputable a una entidad pœblica o a un particular que haya obrado
siguiendo una expresa instrucci—n de la misma.Ó Con respecto al medio
procesal referido, la jurisprudencia ha indicado que constituye un mecanismo
judicial de reparaci—n integral de los da–os causados por la acci—n u omisi—n
del Estado, que desarrolla la cl‡usula general de responsabilidad patrimonial
prevista en el art’culo 90 de la Carta Pol’tica, el Pre‡mbulo, en lo que
respecta al valor de justicia, y los art’culo 1¼, 2¼ y 6¼ superiores Ò(É) en la medida que la v’ctima de un da–o antijur’dico se
encuentra habilitada para demandar del Estado su reparaci—n, cuando se
configure la responsabilidad del mismo, es decir, al establecerse la conducta
da–ina de una agente del Estado, el da–o y la relaci—n causal entre Žste y
aquŽl.Ó[68] 43.- Ahora bien, en los procedimientos judiciales
administrativos se previeron plazos espec’ficos para incoar los medios de
control y las acciones, los cuales deben ser observados so pena de que opere la
caducidad. En efecto, el art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011 establece los
tŽrminos que rigen la presentaci—n de la demanda y en el literal i) precisa en
relaci—n con la acci—n de reparaci—n
directa que: ÒCuando
se pretenda la reparaci—n directa, la demanda deber‡ presentarse dentro del
tŽrmino de dos (2) a–os, contados a partir del d’a siguiente al de la
ocurrencia de la acci—n u omisi—n causante del da–o, o de cuando el demandante
tuvo o debi— tener conocimiento del mismo si fue en fecha posterior y siempre
que pruebe la imposibilidad de haberlo conocido en la fecha de su ocurrencia. Sin
embargo, el tŽrmino para formular la pretensi—n de reparaci—n directa derivada
del delito de desaparici—n forzada, se contar‡ a partir de la fecha en que
aparezca la v’ctima o en su defecto desde la ejecutoria del fallo definitivo
adoptado en el proceso penal, sin perjuicio de que la demanda con tal
pretensi—n pueda intentarse desde el momento en que ocurrieron los hechos que
dieron lugar a la desaparici—n;Ó De acuerdo con esas previsiones se advierte la consagraci—n de dos reglas
generales de caducidad para la acci—n de reparaci—n directa en la disposici—n
procesal vigente, las cuales prevŽn el tŽrmino de 2 a–os contado a partir de:
(i) el d’a siguiente al de la ocurrencia de la acci—n u omisi—n causante del
da–o o (ii) el momento en el que el
demandante tuvo o debi— tener conocimiento de la acci—n u omisi—n causante del
da–o, siempre que pruebe la
imposibilidad de haberlo conocido en la fecha de su ocurrencia. 44.- Con respecto a la caducidad es necesario
se–alar que esta figura ha sido enmarcada por la doctrina dentro de los
presupuestos procesales, los cuales est‡n relacionados con el derecho de acci—n
y corresponden a los requisitos necesarios para que pueda constituirse un
proceso v‡lido, entre los que tambiŽn se encuentran la capacidad de las partes,
la jurisdicci—n y la competencia.[69].
Es decir, la caducidad hace
referencia al ejercicio de la acci—n dentro de determinados plazos fijados por
la ley, so pena de que no se constituya una relaci—n jur’dico-procesal v‡lida[70]. Asimismo
se ha precisado que la caducidad limita el tiempo durante el que las personas
pueden acudir a la jurisdicci—n para la definici—n judicial de las
controversias con el prop—sito de resguardar el interŽs general y la seguridad
jur’dica. En atenci—n a esas finalidades se ha destacado la obligatoriedad de
los tŽrminos de caducidad, y por ende: Ò(É)
la actitud negligente de quien estuvo legitimado
en la causa no puede ser objeto de protecci—n, pues es un hecho cierto que
quien, dentro de las oportunidades procesales fijadas por la ley ejerce sus
derechos, no se ver‡ expuesto a perderlos por la ocurrencia del fen—meno
indicado.Ó[71] En
concordancia con lo anterior, el examen de la caducidad de la demanda
contencioso administrativa puede identificarse como de tipo objetivo, en la
medida en que el juez constata el tŽrmino y el cumplimiento de la carga, pero
no puede modificar o soslayar el plazo previsto bajo un an‡lisis subjetivo de la
conducta de las partes. La objetividad y rigidez del examen est‡n justificados
por los intereses a los que responde la caducidad y, por ello, su declaratoria
tambiŽn puede ser oficiosa. 45.- Con base en las consideraciones expuestas se advierte
que: (i) la
acci—n de reparaci—n directa constituye un mecanismo judicial para el
resarcimiento de los da–os causados por la acci—n u omisi—n del Estado, que
desarrolla la cl‡usula general de responsabilidad patrimonial prevista en el
art’culo 90 de la Carta; (ii) la
presentaci—n de la demanda est‡ limitada por las reglas previstas en el
art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011, y (iii) la
fijaci—n de tŽrminos de caducidad privilegia la seguridad jur’dica y el interŽs
general, raz—n por la que el an‡lisis de su cumplimiento es objetivo y puede
ser declarada de oficio. Caso
concreto 46.- Los accionantes alegan que el auto
proferido el 29 de agosto de 2016 por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la
Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado vulner— sus
derechos fundamentales porque aplic— la regla de caducidad prevista en el
art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011 a hechos que expusieron en la demanda como
elementos de contextualizaci—n, pero que no constitu’an el fundamento de su
pretensi—n. En efecto, los actores alegan que a
travŽs de la acci—n de reparaci—n directa que incoaron en contra del EjŽrcito
Nacional y el municipio de Yopal pretend’an el resarcimiento de los perjuicios
causados con el acto jur’dico de cesi—n de inmuebles de su propiedad celebrada
entre las entidades demandadas y protocolizada en la Escritura Pœblica 1434 del
8 de julio de 2011, y a pesar de esa
pretensi—n la autoridad judicial accionada contabiliz— el tŽrmino de caducidad
desde el a–o 1952, momento en el que
se produjo la ocupaci—n de los bienes. Precisi—n preliminar 47.- Establecida la concurrencia de los
requisitos generales de procedencia de la acci—n de tutela en los fundamentos
jur’dicos 11 a 19 de esta providencia y en atenci—n al espec’fico reparo
formulado por los peticionarios resulta necesario precisar, de manera
preliminar, que la actividad de la Sala en esta sede se limitar‡ a establecer
si el auto emitido el 29 de agosto de 2016, que acogi— en fase preliminar de
admisi—n la excepci—n previa de caducidad formulada por los demandados,
incurri— en los defectos f‡ctico y sustantivo porque contabiliz— el tŽrmino de
presentaci—n de la demanda a partir de hechos que aparentemente no sustentan
las pretensiones resarcitorias elevadas. Por lo tanto, el examen se
circunscribe a la evaluaci—n de las razones presentadas para declarar la caducidad
en la fase inicial del proceso y no se
emitir‡ ningœn pronunciamiento sobre la responsabilidad del Estado, la prueba o
la existencia del da–o. 48.- Efectuada esa precisi—n, se
determinar‡ la indebida aplicaci—n de la regla de caducidad en el caso bajo
examen a partir del an‡lisis de la actividad de juzgamiento de la Secci—n
Tercera -Subsecci—n B- del Consejo de Estado, que en el auto acusado: (i) hizo referencia a las reglas
previstas en el art’culo 164 de la Ley 1437 de 2011; (ii) consider— que si bien los
demandantes persiguen la reparaci—n del da–o por la cesi—n del derecho de
dominio en el a–o 2011, la pŽrdida del inmueble se produjo en el a–o 1952 como consecuencia de la
ocupaci—n material por parte del EjŽrcito Nacional; (iii) a partir de ese hito adujo que la
norma que reg’a el tŽrmino de presentaci—n de la acci—n era el art’culo 263 de
la Ley 167 de 1941; y (iv) de acuerdo con la disposici—n
identificada estableci— la configuraci—n de la caducidad en el caso concreto. Con base en la argumentaci—n descrita y
los reparos formulados por los actores, la Sala determinar‡, en primer lugar,
la configuraci—n del defecto f‡ctico
por indebida valoraci—n de los hechos presentados en la demanda y, en segundo
lugar, establecer‡ el defecto sustantivo
por indebida aplicaci—n de la regla de caducidad como consecuencia de la
err—nea evaluaci—n de las circunstancias f‡cticas expuestas en el libelo
inicial. An‡lisis de la configuraci—n del
defecto f‡ctico 49.- Para la evaluaci—n de la actividad
del juzgador es necesario destacar la relevancia de la demanda como acto
procesal inicial, en la medida en que contiene los hechos y pretensiones que
los administrados plantean ante la jurisdicci—n para su resoluci—n, fija la
competencia del juez y permite establecer las circunstancias que corresponden a
los supuestos de hecho de las normas cuya aplicaci—n se persigue, tanto para su
admisi—n como para la decisi—n de fondo. Los actores adujeron que la autoridad
judicial accionada se equivoc— en la valoraci—n de las circunstancias expuestas
en la demanda, lo que, a su vez, gener— la aplicaci—n indebida de la regla de
caducidad. Por lo tanto, se verificar‡n los hechos y las pretensiones del
libelo para determinar si de estos, como lo concluy— el juzgador demandado, era
posible establecer que los ciudadanos pretend’an el resarcimiento de los da–os
generados como consecuencia de la ocupaci—n del inmueble ÒLos YopitosÓ y no de la cesi—n del derecho de dominio de los
predios de menor extensi—n que aparentemente lo integran. 50.- En la demanda, Roberto, Nelson y
Magdalena Vargas Navarrete precisaron que la acci—n de reparaci—n directa
incoada ten’a como pretensi—n principal que los demandados fueran declarados
responsables por el: Ò(É) da–o
antijur’dico ocasionado por la cesi—n que el Municipio de Yopal –
Casanare hizo a la Naci—n - Ministerio de Defensa Nacional - EjŽrcito Nacional,
de los inmuebles descritos y alinderados en la escritura pœblica No. 1434 de 8
de julio de 2011, otorgada en la Notar’a ònica del C’rculo de Aguazul (É.)Ó[72] (subrayas fuera del texto original) Luego de establecer las pretensiones,
los peticionarios expusieron los fundamentos f‡cticos de su solicitud, los
cuales presentaron en dos secciones que nominaron: (i) Òantecedentes a la perpetraci—n y consumaci—n del da–o antijur’dico cuya
indemnizaci—n se reclamaÓ[73]
y (ii) Òla realizaci—n y
consumaci—n del da–o antijur’dico cuya reparaci—n se pretendeÓ[74]. En la primera secci—n, los actores
narraron los hechos correspondientes a (i) la adquisici—n del inmueble ÒLos YopitosÓ por parte de su padre
Octavio Vargas Monta–a en el a–o 1924; (ii) la posesi—n por el propietario y su
desplazamiento como consecuencia de la ocupaci—n material del EjŽrcito Nacional
en el a–o 1952; (iii) las declaraciones rendidas el 3 de marzo de 1982 por
oficiales del EjŽrcito Nacional sobre la ocupaci—n del inmueble, y (iv) el
fallecimiento de V’ctor Octavio Vargas Monta–a el 2 de mayo de 1990. En la segunda secci—n, precisaron que
la circunstancia que provoc— el da–o cuya reparaci—n pretenden fue la cesi—n
gratuita de 3 predios de menor extensi—n que, aducen, hacen parte del inmueble
ÒLos YopitosÓ y que se protocoliz— en
la escritura pœblica 1434 de 8 de
julio de 2011 otorgada en la Notar’a ònica del C’rculo de Aguazul. Luego de exponer los hechos que
sustentan sus pretensiones con la distinci—n descrita, los peticionarios
presentaron las razones por las que no oper— la caducidad de la acci—n y
destacaron que esta deb’a contabilizarse a partir de la cesi—n en menci—n, en
la medida en que corresponde al Ò(É) acto
jur’dico que irrog— perjuicios a la parte demandante cuya reparaci—n directa se
solicita (É)Ó[75] 51.-
Los elementos de la demanda
descritos evidencian que los actores identificaron de forma precisa e
inequ’voca la actuaci—n de la administraci—n que, a su juicio, provoc— el da–o
antijur’dico cuyo resarcimiento persiguen.
En particular, cuando indicaron que pretend’an la indemnizaci—n por la pŽrdida del derecho de dominio y no por
la pŽrdida de la posesi—n del bien que se produjo con la ocupaci—n material. En efecto, la referencia a la actuaci—n
causante del da–o es clara y no se advierten elementos que pudieran llevar a
confusi—n. Lo anterior, porque los peticionarios se esforzaron en diferenciar,
de un lado, los hechos relacionados con la pŽrdida de la posesi—n de los bienes
(la ocupaci—n ocurrida en el a–o 1952), los cuales presentaron como elementos
de contextualizaci—n y, de otro, el perjuicio cuyo resarcimiento persiguen, que
se deriva de la cesi—n de los inmuebles (acto celebrada en el a–o 2011). A pesar de que los demandantes
se–alaron expresamente que la actuaci—n causante del da–o era la cesi—n de los
predios en el a–o 2011, la autoridad judicial accionada interpret— parcialmente
la demanda, pues se limit— a estudiar la contextualizaci—n hist—rica planteada
por los actores y concluy— que pretend’an la indemnizaci—n con ocasi—n de la
ocupaci—n ocurrida en el a–o 1952. Por lo tanto, la Sala Plena advierte que el
Consejo de Estado no valor— integralmente: (i) que la acci—n tambiŽn se dirigi—
contra el municipio de Yopal, quien consider— que los bienes eran bald’os y los
cedi— de forma gratuita; (ii) la distinci—n de los hechos relacionados con la
ocupaci—n y la cesi—n a travŽs de ac‡pites diferentes; (iii) la espec’fica
identificaci—n del da–o por parte de las tutelantes (la pŽrdida del derecho de
dominio); (iv) las pretensiones de la demanda, dirigidas a obtener el
resarcimiento de los perjuicios causados por la cesi—n a travŽs de la exigencia
del valor catastral del inmueble; (v) la distinci—n entre el dominio y la
posesi—n; y (vi) que los demandantes no solicitaron el reintegro material del
bien o los frutos de la posesi—n. Asimismo, la decisi—n desconoci— los
elementos de prueba aportados como anexos de la demanda, dirigidos a demostrar:
(i) la titularidad del derecho de dominio sobre el inmueble ÒLos YopitosÓ[76];
(ii) la cesi—n de los bienes que, a su juicio, hacen parte del predio de su
propiedad[77]; y
(iii) las circunstancias relacionadas con la ocupaci—n del bien, que se
presentaron como elementos de contextualizaci—n para evidenciar la tenencia
material del predio por parte del EjŽrcito Nacional[78]. As’ pues, la providencia judicial
cuestionada ignor— los elementos descritos y privilegi— la interpretaci—n
parcial de la demanda, la cual gener— la modificaci—n de las circunstancias que
fueron claramente identificadas como supuestas generadoras del da–o, y de esta
forma vulner— los derechos del debido proceso y de acceso a la administraci—n
de justicia de los actores. En s’ntesis, la actividad de la
autoridad judicial accionada evidencia la configuraci—n del defecto f‡ctico, en
la medida en que ignor— que la demanda diferenci— tanto los actos causantes de
los da–os (ocupaci—n/cesi—n de los inmuebles) como los perjuicios que generaron
esas actuaciones (pŽrdida de la posesi—n/pŽrdida del derecho de dominio); y
precis— que el presunto hecho generador del da–o cuyo resarcimiento se persigue
fue la cesi—n de los inmuebles. 52.- Finalmente, se advierte que los jueces de
tutela tambiŽn ignoraron los fundamentos de la demanda, pues los fallos
estuvieron sustentados en la ocupaci—n del inmueble como la actuaci—n
generadora del da–o, a pesar de que el libelo evidenciaba, con claridad, que
los actores pretend’an la indemnizaci—n de la pŽrdida del derecho de dominio y
no de la tenencia material del bien. El
an‡lisis de caducidad de la acci—n de reparaci—n directa no es el escenario
para determinar los elementos de la responsabilidad 53.- De acuerdo con lo se–alado en los
fundamentos jur’dicos 49 a 52 se advierte que la providencia acusada incurri—
en defecto f‡ctico por cuanto la autoridad judicial accionada interpret— de
forma parcial los hechos, pretensiones y anexos de la demanda en los que los
actores identificaron con precisi—n la actuaci—n del Estado que, a su juicio,
les irrog— un perjuicio. En efecto, la Secci—n Tercera Subsecci—n B del Consejo
de Estado adujo que, contrario a lo se–alado por los demandantes, el da–o no se
produjo en la cesi—n de los inmuebles en el a–o 2011 sino en la ocupaci—n de
los bienes por parte del EjŽrcito Nacional en 1952 y por ende este es el hito
de contabilizaci—n del tŽrmino de caducidad. 54.- En relaci—n con la argumentaci—n
descrita, la Sala considera necesario destacar que el an‡lisis de caducidad de
la acci—n no es el momento para definir si se produjo el da–o alegado, si concurren
los elementos de la responsabilidad estatal o cu‡l es la entidad del da–o en
caso de que se advierta la configuraci—n del mismo, pues estos asuntos
corresponden al estudio de fondo propio de la sentencia. Por el contrario, el
an‡lisis de la caducidad es un examen sobre el car‡cter tempor‡neo de la acci—n
de cara a los hechos y pretensiones planteados ante la jurisdicci—n, es decir
el examen se sustenta sobre la demanda, en la que se condensan los asuntos que
los asociados presentan ante la administraci—n de justicia para su resoluci—n. En particular, en el presente caso los
actores identificaron una actuaci—n estatal que, aducen, les irrog— perjuicios
y cuya indemnizaci—n persiguen. Por ende, la evaluaci—n del car‡cter oportuno
de la acci—n deb’a partir del espec’fico asunto puesto a consideraci—n de los
jueces y no pod’a comportar un examen de fondo en relaci—n con la que se
consider— indebida identificaci—n del hecho generador del da–o, ya que este
examen excedi— el an‡lisis de la excepci—n previa en menci—n y transgredi— el
derecho de acceso a la administraci—n de justicia. 55.- En s’ntesis, en la providencia
acusada la Secci—n Tercera Subsecci—n B del Consejo de Estado al fallar la
excepci—n previa y tener por acreditada la caducidad de la acci—n de reparaci—n
directa priv— a los demandantes de la posibilidad de que en el marco de un
proceso judicial se estableciera si se produjo el da–o que alegan y si
concurren los elementos de responsabilidad del Estado. An‡lisis del defecto sustantivo por
indebida aplicaci—n de la regla de caducidad 56.- Establecida la configuraci—n del
defecto f‡ctico por la indebida valoraci—n de los hechos expuestos en la
demanda, pasa la Sala a determinar si esa equivocaci—n tuvo incidencia en la
aplicaci—n de la regla caducidad. Con ese prop—sito se analizar‡n los elementos
de las normas que rigieron la caducidad de la acci—n de reparaci—n directa
desde el momento de la ocupaci—n y hasta la presentaci—n de la demanda, los
cuales se contrastar‡n con los hechos alegados por los ciudadanos para
establecer el defecto sustantivo. Los elementos de la regla de caducidad
de la acci—n de reparaci—n directa 57.- De acuerdo con la metodolog’a
propuesta se identificar‡n los elementos de la regla de caducidad consagrados
en las disposiciones referidas por la autoridad judicial accionada en el auto
-Leyes 1437 de 2011 y 167 de 1941-
y tambiŽn se considerar‡ el Decreto 01 de 1984, ya que esta norma estaba
vigente en el momento en el que se produjo la cesi—n de los bienes. La Ley 1437 de 2011, vigente cuando se present— la demanda,
prevŽ en el art’culo 164 literal i) que: ÒCuando
se pretenda la reparaci—n directa, la demanda deber‡ presentarse dentro del
tŽrmino de dos (2) a–os, contados a partir del d’a siguiente al de la
ocurrencia de la acci—n u omisi—n causante del da–o, o de cuando el demandante
tuvo o debi— tener conocimiento del mismo si fue en fecha posterior y siempre
que pruebe la imposibilidad de haberlo conocido en la fecha de su ocurrencia. (É)Ó Por su parte, el Decreto 01 de 1984, vigente en el momento en que se produjo la
cesi—n celebrada entre el municipio de Yopal y el EjŽrcito Nacional, establec’a
en el art’culo 136.8 que: ÒLa de
reparaci—n directa caducar‡ al vencimiento del plazo de dos (2) a–os, contados
a partir del d’a siguiente del acaecimiento del hecho, omisi—n u operaci—n
administrativa o de ocurrida la ocupaci—n temporal o permanente del inmueble de
propiedad ajena por causa de trabajo pœblico o por cualquiera otra causa.Ó Finalmente, la Ley 167 de 1941, vigente cuando se produjo la ocupaci—n del
inmueble ÒLos YopitosÓ se–ala en el art’culo 263 que: ÒLa
demanda para que se pague la indemnizaci—n debida cuando, a causa de un trabajo
pœblico, se ocupa o da–a una propiedad particular se dirigir‡ al Tribunal
correspondiente a m‡s tardar dentro de los dos a–os de ocurrido el da–o o
verificada la ocupaci—n.Ó 58.- Las disposiciones transcritas
rigieron la caducidad de la acci—n de reparaci—n directa desde el momento de
ocupaci—n del inmueble y hasta la presentaci—n de la demanda, y a pesar de las
diferencias en la redacci—n regularon de manera uniforme el asunto a travŽs de:
(i) la identificaci—n del hito de contabilizaci—n: el momento de ocurrencia de la acci—n u omisi—n causante del da–o;
(ii) la fijaci—n del plazo para la interposici—n de la demanda: 2 a–os y (iii) la asignaci—n de la
consecuencia jur’dica: la caducidad de
la acci—n en los casos en los que se incoe por fuera del tŽrmino en menci—n.
59.- Establecidos los elementos de la
regla de caducidad, entre los que se prevŽ el hito de contabilizaci—n (el
momento de ocurrencia de la acci—n u omisi—n causante del da–o), y los hechos
alegados en la demanda, de los que se concluy— que el da–o cuyo resarcimiento
se persigue es el generado por la cesi—n de los predios celebrada en el a–o
2011, la Sala evaluar‡ la actividad de la autoridad judicial accionada para
determinar si se produjo la afectaci—n de los derechos fundamentales de los
accionantes. 60.- Como se indic— en el fundamento jur’dico 51 de esta providencia, la
Secci—n Tercera -Subsecci—n B- del Consejo de Estado modific— la actuaci—n
presentada en la demanda como presunta generadora del da–o para establecer que
los perjuicios fueron consecuencia de la ocupaci—n. A partir de esta
consideraci—n, identific— la norma vigente para ese momento y aplic— la regla de caducidad con base
en esa circunstancia. La indebida evaluaci—n del hecho generador del da–o
tuvo incidencia en la aplicaci—n de la
regla de caducidad, espec’ficamente en: (i) la determinaci—n de la norma que reg’a el asunto, pues la autoridad
judicial escogi— el art’culo
263 de la Ley 167 de 1941, que
no gobernaba la acci—n para el resarcimiento del da–o generado con la cesi—n de
inmuebles protocolizada el 8 de julio de 2011, ya que la norma aplicable era la
vigente para el momento en el que ocurri— el da–o, es decir el art’culo 136.8
del Decreto 01 de 1984[79];
y (ii) la determinaci—n de la
consecuencia jur’dica, debido a que el juez contabiliz— el tŽrmino de caducidad
desde la ocupaci—n del inmueble y no desde la actuaci—n que para los actores
gener— el perjuicio, esto es la cesi—n del derecho de dominio de los predios de
menor extensi—n. En consecuencia, la Sala Plena advierte que la decisi—n
judicial cuestionada tambiŽn incurri— en defecto sustantivo como consecuencia
de la identificaci—n de una norma que no reg’a el asunto y la indebida
aplicaci—n de la regla de caducidad a una circunstancia (la ocupaci—n del
inmueble) que no corresponde a la actuaci—n identificada como la generadora del
da–o cuyo resarcimiento persiguen los peticionarios (la cesi—n del derecho de
dominio). 61.- Adicionalmente, es necesario precisar que si
la autoridad judicial hubiera escogido la norma que efectivamente reg’a el
asunto, esto es, el art’culo 136.8 del Decreto 01 de 1984, tambiŽn se habr’a
configurado el defecto sustantivo por la indebida aplicaci—n de la regla de
caducidad. Esto ocurre porque la modificaci—n de las supuestas situaciones
generadoras del da–o cuando se interpret— como la ocupaci—n del inmueble y no
como la cesi—n, habr’a llevado a la misma conclusi—n al contabilizar el tŽrmino
para la presentaci—n de la demanda desde ese hito. 62.- Con base en las consideraciones expuestas en
este ac‡pite se concluye que la indebida interpretaci—n de la demanda llev— a
la Subsecci—n accionada a identificar la
ocupaci—n como la actuaci—n generadora del da–o y a partir de ese yerro se
present— un defecto sustantivo, pues tal y como se aleg— en la acci—n de tutela,
la regla de caducidad se aplic— a circunstancias que no corresponden a los
supuestos de hecho de la acci—n de reparaci—n directa incoada. 63.- Los argumentos expuestos en el caso concreto
demuestran que la decisi—n judicial cuestionada incurri— en los defectos f‡ctico y sustantivo, cuya
configuraci—n concurrente ha sido admitida en otras oportunidades[80].
64.- Finalmente, la Sala advierte que adem‡s de los
defectos –f‡ctico y sustantivo- en los que incurri— la providencia
judicial acusada y que fueron descritos previamente, si la Secci—n Tercera
Subsecci—n B del Consejo de Estado ten’a dudas sobre la configuraci—n de la
caducidad tambiŽn ignor— el precedente de esa Corporaci—n, segœn el cual, en
estas circunstancias deb’a privilegiarse la interpretaci—n del asunto que
garantice el acceso a la administraci—n de justicia, es decir tramitar la
acci—n[81]. En efecto, si la autoridad judicial ten’a dudas
sobre el momento en el que se produjo el da–o cuya reparaci—n persiguen los
actores debi— analizar las circunstancias expuestas en la demanda bajo la
—ptica del acceso efectivo a la administraci—n de justicia y tomar la decisi—n
que mejor se ajustaba a esta garant’a. 65.- En s’ntesis, del auto proferido el 29 de
agosto de 2016 por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- del Consejo de Estado se
advierte la configuraci—n de: (i) defecto
f‡ctico porque el juzgador interpret— parcialmente la demanda e identific—
la ocupaci—n del inmueble en el a–o 1952 como generadora del da–o, a pesar de
que los peticionarios persegu’an la indemnizaci—n de los perjuicios ocasionados
por la cesi—n del derecho de dominio de los predios; y (ii) defecto sustantivo por indebida
identificaci—n de la norma que reg’a la caducidad y la aplicaci—n de la regla a
hechos que no corresponden con las pretensiones de la acci—n. De acuerdo con lo expuesto, se revocar‡n los fallos
de tutela revisados para, en su lugar, conceder el amparo de los derechos al
debido proceso y de acceso a la administraci—n de justicia de Roberto, Nelson y
Magdalena Vargas Navarrete, se revocar‡ el auto acusado, se tendr‡ por no
probada la excepci—n de caducidad de la acci—n de reparaci—n directa y se remitir‡
el proceso ante el juez de primera instancia para que el tr‡mite siga su curso.
Conclusiones 66.- Roberto, Nelson y Magdalena Vargas Navarrete
formularon acci—n de tutela en contra del auto proferido el 29 de agosto de
2016 por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Consejo, que declar— la caducidad de la acci—n de reparaci—n
directa que incoaron en contra del EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal. 67.- Los actores adujeron que la norma de
caducidad se aplic— de forma indebida a hechos que no constitu’an el fundamento
de la pretensi—n. Por consiguiente, se estableci— la necesidad de estudiar los
defectos: (i) f‡ctico, pues aunque
los accionantes no lo propusieron nominalmente, cuestionaron la valoraci—n de
los hechos presentados en la demanda; y (ii) sustantivo para establecer si, como consecuencia de una
equivocaci—n en la valoraci—n de las circunstancias, se present— la indebida
aplicaci—n de la norma. 68.- En atenci—n a los niveles de an‡lisis de la
acci—n de tutela contra providencias judiciales, la Sala evalu—, en primer
lugar, el cumplimiento de los requisitos generales de procedencia y constat—:
(i) la relevancia constitucional de la cuesti—n discutida; (ii) el
cumplimiento del presupuesto de subsidiariedad; (iii) la observancia del
requisito de inmediatez; (iv) la identificaci—n razonable tanto de los hechos
que generaron la vulneraci—n, como de los derechos vulnerados; y (v) que la
acci—n no se dirigi— contra una sentencias de tutela. 69.- Luego, la Sala emprendi— el an‡lisis de los
requisitos espec’ficos de procedibilidad y advirti—
la configuraci—n del defecto f‡ctico, debido
a que el juez, como consecuencia de la valoraci—n parcial de la demanda, se
equivoc— al identificar la ocupaci—n del inmueble en el a–o 1952 como la
circunstancia generadora del da–o, ya que esta actuaci—n no corresponde a los
hechos y pretensiones expuestos por los demandantes. Asimismo, se advirti— el defecto sustantivo derivado de: (i) la aplicaci—n de una
disposici—n - art’culo 263 de
la Ley 167 de 1941- que
aunque contiene la misma regla de caducidad de la norma pertinente -art’culo
136.8 del Decreto 01 de 1984- no reg’a la presentaci—n de la demanda para el
resarcimiento del da–o generado con la cesi—n de inmuebles; y (ii) un yerro en
la determinaci—n de la consecuencia jur’dica, debido a que contabiliz— el
tŽrmino de caducidad desde la ocupaci—n del inmueble y no desde la actuaci—n
que para los actores gener— el perjuicio, es decir, la cesi—n del derecho de
dominio de los predios de menor extensi—n. 70.- Finalmente, establecida la configuraci—n de
los defectos f‡ctico por indebida valoraci—n de los hechos de la demanda y
sustantivo por el error en la aplicaci—n de la regla de caducidad, los cuales
afectaron gravemente el derecho de acceso de administraci—n de justicia de los
accionantes, la Sala decidi— conceder el amparo de los derechos al debido
proceso y de acceso a la administraci—n de justicia de Roberto, Nelson y
Magdalena Vargas Navarrete. Como medida de restablecimiento de los derechos
fundamentales de los accionantes se dejar‡ sin efectos el auto acusado y, en su
lugar, se declarar‡ no probada la excepci—n de caducidad de la acci—n de
reparaci—n directa. Asimismo, se remitir‡ el expediente al juez de primera
instancia para que continœe con el tr‡mite de apelaci—n correspondiente, en el marco
del cual no se podr‡ volver a decidir el asunto relacionado con la caducidad de
la acci—n definido en esta sede. III. DECISIîN En
mŽrito de lo expuesto, la Sala Plena de la Corte Constitucional, administrando
justicia en nombre del pueblo y por mandato de la Constituci—n, RESUELVE PRIMERO.- REVOCAR el
fallo de tutela de segunda instancia proferido el 23 de agosto de 2017 por la
Secci—n Quinta de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Consejo de
Estado que, a su vez, confirm— la sentencia proferida el 15 de junio de 2017
por la Secci—n Cuarta de esa Corporaci—n que deneg— la protecci—n invocada. En
su lugar, CONCEDER el amparo de los
derechos al debido proceso y de acceso a la administraci—n de justicia de
Roberto, Nelson y Magdalena Vargas Navarrete. SEGUNDO.- En
consecuencia, DEJAR SIN EFECTOS el auto de 29 de agosto de 2016
proferido por la Secci—n Tercera -Subsecci—n B- de la Sala de lo Contencioso
Administrativo del Consejo de Estado y, en su lugar, DECLARAR NO PROBADA LA EXCEPCIîN DE CADUCIDAD en
el proceso de acci—n de reparaci—n directa de la referencia, incoada por Roberto Vargas Navarrete y otros en contra del EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal, de acuerdo con las consideraciones
de la parte motiva de esta providencia. TERCERO.- ORDENAR que en atenci—n a la decisi—n emitida en esta sede,
por intermedio de la Secretar’a General de la Corte Constitucional, se REMITA
a la
Secci—n Tercera -Subsecci—n A- del Tribunal Administrativo de
Cundinamarca el expediente de la acci—n de reparaci—n
directa nœm. 25000-23-36-000-2013-01405-00, Roberto Vargas Navarrete y otros en
contra del EjŽrcito Nacional y el municipio de Yopal para que siga con el
tr‡mite correspondiente, de acuerdo
con las consideraciones de la parte motiva de esta providencia. CUARTO.- Por Secretar’a General l’brense las comunicaciones
de que trata el art’culo 36 del Decreto 2591 de 1991, para los efectos all’
contemplados. Notif’quese,
comun’quese y cœmplase, GLORIA
STELLA ORTIZ DELGADO Presidenta CARLOS
BERNAL PULIDO Magistrado Con salvamento de voto DIANA
FAJARDO RIVERA Magistrada EMILSSEN GONZçLEZ DE CANCINO Conjuez LUIS
GUILLERMO GUERRERO PƒREZ Magistrado Con salvamento de voto JUAN CARLOS HENAO PƒREZ Conjuez Con salvamento de voto ANTONIO
JOSƒ LIZARAZO OCAMPO Magistrado JOSƒ
FERNANDO REYES CUARTAS Magistrado ALBERTO
ROJAS RêOS Magistrado MARTHA
VICTORIA SçCHICA MƒNDEZ Secretaria
General SALVAMENTO DE VOTO DEL MAGISTRADO CARLOS BERNAL PULIDO A LA SENTENCIA SU282/19 Referencia:
Expediente T-6.404.115 Magistrado Ponente: Gloria Stella Ortiz Delgado En la sentencia
proferida el 20 de junio de 2019, providencia de la cual me aparto, la Sala
Plena concedi— el amparo de los derechos al debido proceso y de acceso a la
administraci—n de justicia de los tutelantes y, en consecuencia, dej— sin
efectos el auto que declar— la caducidad y orden— la remisi—n del expediente al
juez de primera instancia para que continœe el tr‡mite de la acci—n de
reparaci—n directa. Mi desacuerdo con estas determinaciones dio lugar al
Salvamento de Voto que ahora suscribo, fundado en las siguientes razones: 1. El asunto resuelto por la Sala Plena carec’a
de relevancia constitucional, habida consideraci—n de que i) se trataba de un asunto meramente legal,
encaminado a definir si se configur—, o no, la caducidad
de una acci—n de reparaci—n directa, ii) no era
evidente la relaci—n entre la decisi—n judicial cuestionada y la presunta
vulneraci—n o amenaza del derecho al debido proceso u otro derecho fundamental
del actor y por lo tanto iii) convert’a la acci—n de tutela en una instancia
adicional del proceso ordinario. 2. El auto dictado por la Subsecci—n B
de la Secci—n Tercera del Consejo de Estado el 29 de agosto de 2016, que
rechaz— la demanda de reparaci—n directa al encontrar configurada la caducidad
de la acci—n, no adolece de los defectos f‡ctico y sustantivo, reconocidos por
la mayor’a, dado que: (i)
Los supuestos f‡cticos en los que se
funda la demanda de reparaci—n directa revelan que en 1952, por razones de
orden pœblico, el EjŽrcito Nacional ocup— el predio Los Yopitos para construir
instalaciones militares, lo cual produjo el desplazamiento del
se–or Vargas y su familia, demandantes en el proceso ordinario. Estos hechos
fueron corroborados por miembros del EjŽrcito Nacional mediante declaraciones
extrajuicio protocolizadas el 24 de mayo de 1982. En esa medida, la providencia
judicial impugnada es una decisi—n razonable y conforme a derecho, toda vez que
estuvo ajustada a los par‡metros legales vigentes[82] y atendi— las
reglas fijadas en la sentencia de unificaci—n proferida por la Secci—n Tercera
del Consejo de Estado el 9 de febrero de 2011[83], una de las cuales
consiste en que el tŽrmino de caducidad de la acci—n de reparaci—n directa, en
los casos de ocupaci—n permanente de un bien inmueble, se contabiliza a partir
del momento en que la ocupaci—n resulta definitiva o permanente, lo cual, como
se advirti—, habr’a ocurrido desde hace m‡s de dos a–os. Por lo tanto, la
demanda de reparaci—n directa presentada el 1 de agosto de 2013, resultaba
extempor‡nea. (ii)
Aun en gracia de discusi—n, de admitirse
que la conclusi—n a la que lleg— el Consejo de Estado era debatible porque el
demandante en reparaci—n directa reclam— una indemnizaci—n de perjuicios con
ocasi—n de la suscripci—n y posterior protocolizaci—n de un contrato de cesi—n gratuita
del bien inmueble, suscrito entre el EjŽrcito Nacional y el Municipio de Yopal
el 8 de julio de 2011, lo cierto es que en todo caso la sentencia de la cual me
apart— persisti— en el desconocimiento de la jurisprudencia del Consejo de
Estado. En efecto, esa Corporaci—n ha
precisado que en aquellos eventos en que no exista
certeza inicial acerca del momento a partir del cual se debe contabiliza el
tŽrmino de caducidad, en virtud de los principios pro actione y pro damnato la correspondiente demanda debe
admitirse, con el fin de garantizar el acceso a la administraci—n de justicia.
De este modo, las partes interesadas pueden aportar los elementos de juicio necesarios
para que, al final del proceso, el juez pueda definir si hay lugar a declarar,
o no, la caducidad de la acci—n[84].
Contrario a ello, la
Sala Plena resolvi— ese debate de manera definitiva, al concluir que dicha
acci—n fue presentada oportunamente. Con ello desconoci— injustificadamente la
competencia del juez de lo contencioso administrativo en un asunto que estaba
llamado a ser debatido y resuelto en el proceso de reparaci—n directa. Fecha ut supra, Carlos
Bernal Pulido Magistrado [1] La Sala estuvo
integrada por los Magistrados Diana Fajardo Rivera y Antonio JosŽ Lizarazo
Ocampo. [2] Escrito de tutela obrante a folio
1-13, cuaderno 1. [3] M.P. Ramiro Pazos Guerrero. [4]M.P. Stella Jeannette Carvajal Basto.
Folio 61-68, cuaderno 1. [5] Folio 77, cuaderno 1. [6] M.P. Roc’o Araœjo O–ate. [7] Folio 99,
cuaderno 1. [8] Apoderado: Alfredo Beltr‡n Sierra. [9] Folios 10-11, cuaderno 1 expediente
reparaci—n directa. [10] Folio 11, cuaderno 1 expediente reparaci—n
directa. [11] Folio 13, cuaderno 1 expediente reparaci—n
directa. [12] Folio 12, cuaderno 1 expediente reparaci—n directa. [13] Folio 13, cuaderno 1 del expediente de reparaci—n directa. [14] Folio 14, cuaderno 1del expediente de reparaci—n directa. [15]Folio 15, cuaderno 1 expediente de reparaci—n directa. [16]Folio 24, cuaderno 1 proceso reparaci—n directa. [17] Folio 26, cuaderno 1 proceso de reparaci—n directa. [18] Folio74, cuaderno 3. [19] Folio 77, cuaderno 3. [20] El ac‡pite se retoma de las sentencias
T-111 de 2018, T- 534 de 2017 y T-565 de 2016 M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado.
[21] Cfr. Corte Constitucional, sentencia T-324/96 (M.P. Eduardo Cifuentes Mu–oz): ÒÉ s—lo en aquellos casos en los cuales el acto que adscribe la competencia resulte ostensiblemente contrario a derecho, - bien por la notoria y evidente falta de idoneidad del funcionario que lo expidi—, ora porque su contenido sea abiertamente antijur’dico -, el juez constitucional puede trasladar el vicio del acto habilitante al acto que se produce en ejercicio de la atribuci—n ilegalmente otorgada. S—lo en las condiciones descritas puede el juez constitucional afirmar que la facultad para proferir la decisi—n judicial cuestionada no entra dentro de la —rbita de competencia del funcionario que la profiri— y, por lo tanto, constituye una v’a de hecho por defecto org‡nico. [22] Cfr. Corte Constitucional, sentencia SU-014/01 (M.P. Martha Victoria S‡chica MŽndez): ÒEs posible distinguir la sentencia violatoria de derechos fundamentales por defectos propios del aparato judicial - presupuesto de la v’a de hecho -, de aquellas providencias judiciales que aunque no desconocen de manera directa la Constituci—n, comportan un perjuicio iusfundamental como consecuencia del incumplimiento por parte de distintos —rganos estatales de la orden constitucional de colaborar arm—nicamente con la administraci—n de justicia con el objeto de garantizar la plena eficacia de los derechos constitucionales. Se trata de una suerte de v’a de hecho por consecuencia, en la que el juez, a pesar de haber desplegado los medios a su alcance para ubicar al procesado, actu— confiado en la recta actuaci—n estatal, cuando en realidad Žsta se ha realizado con vulneraci—n de derechos constitucionales, al inducirlo en error. En tales casos - v’a de hecho por consecuencia - se presenta una violaci—n del debido proceso, no atribuible al funcionario judicial, en la medida en que no lo puede apreciar, como consecuencia de la actuaci—n inconstitucional de otros —rganos estatales.Ó [23] Cfr. Corte Constitucional, sentencia T-292 de
2006.M.P. Manuel JosŽ Cepeda Espinosa. [24] Folio 161, cuaderno 4 expediente reparaci—n
directa. [25] Folio 1, cuaderno 1 expediente tutela. [26] Consideraciones parcialmente retomadas de
la sentencia SU-498 de 2016 M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. [27] Sentencia SU-210 de 2017 M.P. JosŽ Antonio Cepeda Amaris. [28]
Sentencias SU-159 de 2002, T-295 de 2005 y T-743 de 2008 M.P. Manuel JosŽ
Cepeda Espinosa, T-043 de 2005, T-657 de 2006 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra,
T-686 de 2007 M.P. Jaime C—rdoba Trivi–o, T-033 de 2010, y T-792 de 2010 M.P.
Jorge Iv‡n Palacio Palacio y Sentencia SU-632 de 2017 M.P. JosŽ Fernando Reyes
Cuartas. [29] M.P. Manuel JosŽ Cepeda Espinosa. [30] M.P. Jaime C—rdoba Trivi–o. [31] M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub. [32] Sentencias T-1045 de 2008 M.P. Rodrigo Escobar
Gil, T-462 de 2003 M.P. Eduardo Montealegre Lynett, T-001 de 1999 M.P. JosŽ Gregorio
Hern‡ndez Galindo [33] M.P.
Jorge Ignacio Pretelt Chaljub. [34] M.P. Eduardo Montealegre Lynett. [35] Este cap’tulo
se desarroll— en la sentencia SU-041 de 2018 M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. [36] Sentencia T-1232 de 2003
M.P. Jaime Araujo Renter’a. [37] Sentencia C-1026 de 2001
M.P. Eduardo Montealegre Lynett. [38]SagŸes, N.P. Del juez legal al juez
constitucional. Disponible en
www.cepc.gob.es/publicaciones/revistas/revistaselectronicas?IDR=8&IDN=396&IDA=1376,
consultado el diez (10) de abril de 2018. [39] Pozzolo, S. Neoconstitucionalismo y
especificidad de la interpretaci—n constitucional. Doxa 21 – II 1998,
disponible en
www.cervantesvirtual.com/obra/neoconstitucionalismo-y-especificidad-de-la-interpretacin-0/,
consultado el diez (10) de abril de 2018. [40] La Corte
Constitucional, en sentencia T-055 de 1997, M. P. Eduardo Cifuentes Mu–oz,
determin— que, en lo que hace al an‡lisis del material probatorio, la
independencia judicial cobra mayor valor y trascendencia. [41] Ver, entre otras, las sentencias
T-231 de 1994, M. P. Eduardo Cifuentes Mu–oz; T-442 de 1994, M. P. Antonio
Barrera Carbonell; T-008 de 1998, M. P. Eduardo Cifuentes Mu–oz; T-025 de 2001,
M. P. Eduardo Montealegre Lynett; SU-159 de 2002, M. P. Manuel JosŽ Cepeda
Espinosa; T-109 de 2005, M. P. Marco Gerardo Monroy Cabra; T-264 de 2009, M. P.
Luis Ernesto Vargas Silva; T-114 de 2010, M. P. Mauricio Gonz‡lez Cuervo,
SU-198 de 2013, M. P. Luis Ernesto Vargas Silva. En Žsta œltima se indic—
expresamente: Òla intervenci—n del juez de tutela, en relaci—n con el
manejo dado por el juez de conocimiento es, y debe ser, de car‡cter extremadamente reducido. El respeto por los principios
de autonom’a judicial y del juez natural, impiden que el juez de tutela realice
un examen exhaustivo del material probatorioÓ.(negrita fuera del texto original). [42] Ver sentencia T-442 de 1994, M. P. Alejandro
Mart’nez Caballero. All’ se indic—: Òsi
bien el juzgador goza de un gran poder discrecional para valorar el material
probatorio en el cual debe fundar su decisi—n y formar libremente su
convencimiento, inspir‡ndose en los principios cient’ficos de la sana cr’ticaÉ,
dicho poder jam‡s puede ser arbitrario; su actividad evaluativa probatoria
supone necesariamente la adopci—n de criterios objetivos, racionales, serios y
responsables. No se adecua a este desideratum, la negaci—n o valoraci—n arbitraria,
irracional y caprichosa de la prueba, que se presenta cuando el juez
simplemente ignora la prueba u omite su valoraci—n o sin raz—n valedera alguna
no da por probado el hecho o la circunstancia que de la misma emerge clara y
objetivamente.Ó [43] Sentencia SU-489 de 2016. M.P.
Gabriel Eduardo Mendoza Martelo. [44] Cfr., entre otras, SU-159 de 2002, M.P. Manuel JosŽ
Cepeda Espinosa. [45] Cfr., entre otras, T-442 de 1994 M.P. Antonio Barrera Carbonell. [46] SU-198 de 2013, precitada, y
T-636 de 2006, M. P. Clara InŽs Vargas Hern‡ndez. [47] T-310 de 2009, M.P. Luis Ernesto
Vargas Silva. [48] Sentencia SU-447 de 2011, M.P.
Mauricio Gonz‡lez Cuervo, citada por la sentencia T-213 de 2012, M.P. Luis
Ernesto Vargas. [49]
M.P. Jorge Ignacio Pretelt Chaljub. [50]
Sentencia T-1098 de 2005 M.P. Rodrigo Escobar Gil ÒEn la teor’a general del proceso se reconoce a la contestaci—n de la
demanda como un acto procesal de introducci—n mediante el cual el demandado se
opone a las pretensiones invocadas por el demandante, ya sea en cuanto a la
prosperidad de la relaci—n jur’dica sustancial, esto es, frente al derecho u
obligaci—n que se controvierte; o en relaci—n con la existencia de la relaci—n
jur’dica procesal, es decir, en torno a los presupuestos procesales que
permiten que un proceso se desenvuelva hasta concluir en el pronunciamiento
definitivo por parte del juez a travŽs de la sentencia.Ó [51]
Por ejemplo, el art’culo 375 del CGP precisa que en la declaraci—n de pertenencia: Ò5. A la demanda deber‡ acompa–arse un certificado del registrador de
instrumentos pœblicos en donde consten las personas que figuren como titulares
de derechos reales principales sujetos a registro. Cuando el inmueble haga
parte de otro de mayor extensi—n deber‡ acompa–arse el certificado que
corresponda a este. Siempre que en el certificado figure determinada persona
como titular de un derecho real sobre el bien, la demanda deber‡ dirigirse
contra ella. Cuando el bien estŽ gravado con hipoteca o prenda deber‡ citarse
tambiŽn al acreedor hipotecario o prendario.Ó [52] Consideraciones parcialmente retomadas de
la sentencia T-198 de 2018 M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. [53] Ver sentencia C-330 de 2000, M.P. Carlos Gaviria D’az. [54] Cfr. Sentencia T-268 de 1996, M.P. Antonio Barrera Carbonell. [55] Art’culo 89 Superior. [56] Sentencia T-406
de 1992. M.P. Ciro Angarita Bar—n. [57] Sentencia C- 086
de 2016. M.P. Jorge Iv‡n Palacio Palacio. [58] Sentencia
C-179 de 2016. M.P. Luis Guillermo Guerrero PŽrez. [59] En efecto una
de las diferencias reconocidas entre reglas y principios es que las primeras
son susceptibles de ser aplicadas mediante la subsunci—n y los principios como
mandatos de optimizaci—n deben ser aplicados a travŽs de la ponderaci—n. Esta
distinci—n fue resaltada en la sentencia C-1287 de 2001. M.P. Marco Gerardo
Monroy Cabra. [60] Guastini, Ricardo. Interpretar y argumentar.
Centro de Estudios Pol’ticos y Constitucionales. Madrid, 2017. P‡gs. 32-42. [61] Guastini, Ricardo. Interpretar y argumentar. Centro de
Estudios Pol’ticos y Constitucionales. Madrid, 2017. P‡gina 33. [62] El autor tambiŽn precisa que la
reconstrucci—n de la forma l—gica de la norma se enfrenta a diversas
dificultades, tales como (i) un œnico enunciado normativo exprese una
pluralidad de normas; (ii) el supuesto de hecho tenga una estructura l—gica
compleja; (iii) la reconstrucci—n de la norma requiera acudir a una pluralidad
de enunciados normativos y (iv) el antecedente hace referencia a hechos
calificados por otras normas. [63] Consideraciones parcialmente retomadas
parcialmente de las sentencias SU-498 de 2016 y T-202 de 2017 M.P. Gloria
Stella Ortiz Delgado. [64] Respecto al fundamento y desarrollo de la responsabilidad del Estado antes de la Constituci—n Pol’tica de 1991, consolidada principalmente mediante la acuciosa labor de los jueces, inicialmente de la Corte Suprema de Justicia y luego por el Consejo de Estado ver la sentencia C-957 de 2014.M.P. Gloria Stella Ortiz Delgado. [65] Sentencia C-043 de 2004. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra. [66] Sentencia C-333 de 1996. M.P. Alejandro Mart’nez Caballero. [67] Sentencia C-043 de 2004. M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra. [68] Sentencia C-644 de 2011 M.P. Jorge Iv‡n Palacio Palacio. [69] Vescov’ Enrique.
Teor’a General del Proceso, Bogot‡, Temis. 1984. P‡g. 95.CALAMANDREI los
entend’a como Ò(É) las condiciones que
deben existir a fin de que pueda tenerse un pronunciamiento cualquiera,
favorable o desfavorable, sobre la demanda, esto es, a fin de que se concrete
el poder-deber del juez de proveer sobre el mŽrito.Ó Esta teor’a se
desarroll— por Oskar VON B†LOW, quien precis— que la constituci—n v‡lida de una
relaci—n jur’dica procesal est‡ condicionada a la satisfacci—n de requisitos de
admisibilidad y condiciones previas, denominadas presupuestos procesales. [70] Vescov’ Enrique.
Ob. Cit. P‡g. 93. [71] Sentencia SU-447 de
2011. M.P. Mauricio Gonz‡lez Cuervo. [72] Folios
10-11, cuaderno 1 expediente reparaci—n directa. [73] Folios
11, cuaderno 1 expediente reparaci—n directa. [74] Folios 13,
cuaderno 1 expediente reparaci—n directa. [75]Folio 14,
cuaderno 1del expediente de reparaci—n directa. [76] En particular: (i) la Escritura Pœblica
de 23 de enero de 1923, otorgada en la Notar’a del Circuito de Labranzagrande, en la que Secundino Vargas transfiri— al
se–or Antonio Vargas a t’tulo de venta el derecho de dominio que tiene sobre
una fundaci—n denominada ÒLos YopitosÓ, situada en la jurisdicci—n del municipio de
Marroqu’n; (ii) la Escritura Pœblica 30 otorgada el 24 de abril de 1924 en la
Notar’a del C’rculo de Labranzagrande, en la que se
protocoliz— la compraventa celebrada entre Antonio Vargas y Octavio Vargas
Monta–a de la fundaci—n denominada ÒLos YopitosÓ del municipio de Marroqu’n, y (iii) el registro
de la primera copia de la Escritura Pœblica 30 de 24 de abril de 1924 en la
Oficina de Registro de Instrumentos Pœblicos de Nunch’a. [77] Mediante
la Escritura Pœblica 1434 de 8 de julio de 2011 otorgada ante la Notar’a ònica
del C’rculo de Aguazul, en la que se protocoliz— la cesi—n a t’tulo gratuito
entre el municipio de Yopal y el EjŽrcito Nacional de los lotes identificados
as’: (i) 01-01-0073-0001-000 ubicado en la carrera 15 nœm. 6-98 de Yopal; (ii)
01-01-0073-0007-000 ubicado en la carrera 15 nœm. 6-96 interior 2, y (iii)
01-01-0737-0002-000 ubicado en la calle 5
nœm. 15-08 de Yopal. [78] A travŽs de
la Escritura Pœblica 322 del 24 de mayo de 1982 otorgada ante la Notar’a ònica
de Yopal en la que se protocolizaron las declaraciones rendidas ante el Juzgado
Promiscuo del Circuito de Yopal por el Coronel Miguel çngel Contreras y el
Teniente Coronel Felipe JosŽ del Carmen Becerra, en las que manifiestan el
conocimiento que tienen sobre: (i) la llegada del grupo ÒGu’as de CasanareÓ a
Yopal y los predios que ocup—; (ii) el plano de los predios que se protocoliza
con la escritura; (iii) las obras construidas en los predios ocupados y (iv) el
valor de las mejoras plantadas en los inmuebles, que estimaron entre
$100Õ000.000 y $200Õ000.000. [79] Por ejemplo, en auto de 27 de marzo de 2014 (expediente -2012-00124-01), la autoridad judicial
accionada indic— que la regla de caducidad aplicable es la vigente en el momento
en el que ocurri— el da–o, que corresponde al hito de contabilizaci—n. En ese
sentido, precis—: ÒAs’ las cosas,
comoquiera que el ‡rea y linderos del predio La mina se concret— en forma
definitiva hasta el 24 de mayo de 2010, fecha en la cual qued— en firme el
avalœo realizado por el auxiliar de la justicia Oscar Hern‡ndez Paucar, estima
la Sala que esta debe ser la fecha base para verificar la ocurrencia del
fen—meno jur’dico de la caducidad. No obstante, debe advertirse que como el
fen—meno de caducidad empez— a correr a partir del a–o 2010, resulta aplicable
el tŽrmino de caducidad de dos (2) a–os previsto en el numeral 8¼ del art’culo
136 del C—digo Contencioso Administrativo contenido en el Decreto 01 de 1984,
por ser la norma vigente al momento de su iniciaci—n, de conformidad con lo
establecido en el art’culo 40 de la Ley 153 de 1887, modificado por el art’culo
624 de la Ley 1564 de 2012.Ó [80] Por ejemplo,
la sentencia SU-396 de 2017 (M.P. Gloria
Stella Ortiz Delgado) los estudi— de manera conjunta y los descart—, debido
a que la accionante denunci— que la providencia judicial en la que fue
sancionada disciplinariamente por el incumplimiento del deber de respeto a los
jueces incurri— en defecto f‡ctico porque no valor— el material probatorio que
descartaba el dolo como elemento subjetivo de la conducta t’pica y sustantivo,
por cuanto se aplic— la norma a pesar de no estar probado elemento subjetivo
que hac’a parte del supuesto de hecho. [81] Ver,
entre otros, los autos de 10
de junio de 2017 M.P. Marta Nubia Vel‡squez Rico, Exp. 25000-23-36-000-2016-00554-01(57944); 20 de noviembre de 2017 M.P. Jaime Orlando Santofimio
Gamboa, Exp.52001-23-33-000-2017-00347-01(60109); 13 de diciembre de 2017
M.P. Jorge Octavio Ram’rez, Exp. 76001-23-33-000-2017-00382-01 (23315). [82] CPACA, art’culo
164. Oportunidad para presentar la demanda. (É) i) Cuando se pretenda
la reparaci—n directa, la demanda deber‡ presentarse dentro del tŽrmino de dos
(2) a–os, contados a partir del d’a siguiente al de la ocurrencia de la acci—n
u omisi—n causante del da–o, o de cuando el demandante tuvo o debi— tener conocimiento
del mismo si fue en fecha posterior y siempre que pruebe la imposibilidad de
haberlo conocido en la fecha de su ocurrencia. (É). [83] Los dos a–os se
contabilizan desde que ocurre el hecho da–oso, el cual se consuma cuando cesa
la ocupaci—n. En casos especiales se computan desde cuando el afectado tuvo
conocimiento de la ocupaci—n del bien luego de su cesaci—n. [84] Consejo de Estado. Secci—n Tercera. Subsecci—n C. Auto de 28 de febrero de 2018. Expediente 59326. MP: Jaime Enrique Rodr’guez Navas. |